Venezuela.

Lo que comenzó como una emergencia terminó cambiando la vida de toda una familia. Tras el doble terremoto del 24 de junio, Liliana Machado sufrió un severo trauma psicológico que obligó a su esposo, Urumán Urdaneta, y al resto de la familia, con raíces en la etnia Wayúu, a dejar Caracas para mudarse a Maracaibo, a unos 700 kilómetros de distancia.

Desmayos, insomnio y una constante sensación de asfixia marcaron los días posteriores a los sismos. El momento más crítico ocurrió cuando una pared de su vivienda colapsó mientras todos veían televisión.

“Mi esposa se desmayaba casi todos los días. El doctor nos aconsejó sacarla del lugar porque ya no dormía, se asfixiaba y estaba enfermando. Por su salud salimos de allá”, relató Urumán Urdaneta.

Ahora la familia intenta adaptarse a Maracaibo, donde enfrenta dificultades con los servicios básicos y el reto de encontrar nuevas oportunidades de trabajo. Mientras tanto, mantienen la esperanza de regresar algún día a Caracas, donde dejaron buena parte de su vida.

 

(EFE)