Quito

El Jardín Botánico de Guayaquil fue reconocido como la primera Área de Importancia para la Conservación de Murciélagos (AICOM), puramente urbana de Ecuador, un hito para la conservación de la biodiversidad en ciudades y un importante avance para la investigación científica y la educación ambiental.

La medida la aprobó la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM), bajo el código A-EC-014, consolidando al Jardín Botánico de Guayaquil como un referente nacional e internacional en conservación urbana, indicó este martes el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio).

El reconocimiento se sustenta en un estudio desarrollado por Benjamín Navas y Jaime A. Salas, investigadores del Proyecto Keep in Science, de la Universidad de Guayaquil, dentro del Programa de Conservación de Murciélagos de Ecuador y el Inabio, que documentaron la presencia en el Jardín Botánico de ocho especies de murciélagos pertenecientes a tres familias.

Entre los hallazgos más relevantes destaca el registro del murciélago frutero fraternal (Artibeus fraterculus), una especie endémica de la ecorregión Tumbesina, compartida entre el occidente de Ecuador y el norte de Perú.

Además, los investigadores identificaron refugios naturales utilizados por distintas especies dentro de las instalaciones del Jardín Botánico, criterios que permitieron obtener la designación de AICOM.

La investigación demuestra que, pese a encontrarse inmerso en una matriz urbana altamente intervenida, el Jardín Botánico mantiene condiciones que favorecen la conservación de estos mamíferos, esenciales para el equilibrio de los ecosistemas por su papel como dispersores de semillas, polinizadores y controladores naturales de insectos, informó este martes el Inabio en un comunicado.

Más allá de la investigación científica, se han impulsado iniciativas de educación ambiental como MurciMurales y los Bati-Camps, programas que acercan a la ciudadanía al conocimiento de los murciélagos, promueven la convivencia con estas especies y ayudan a reducir los conflictos derivados de mitos y percepciones negativas.

Los autores destacan que este reconocimiento evidencia el enorme potencial de la infraestructura verde urbana para conservar la biodiversidad.

Parques, jardines botánicos y otros remanentes de vegetación pueden convertirse en refugios clave para la fauna silvestre, incluso dentro de ciudades densamente pobladas.