Italia.

En un mundo interconectado, la electrónica está presente en todas partes, desde teléfonos inteligentes hasta sensores y etiquetas antirrobo. Sin embargo, muchos de estos dispositivos están fabricados con plástico, silicio y metal, materiales que suelen ser difíciles de separar y reciclar. Ante este desafío, el laboratorio de Electromagnetismo Pervasivo de la Universidad de Roma Tor Vergata trabaja en el desarrollo de soluciones de bajo impacto ambiental inspiradas en la naturaleza.

Uno de los primeros pasos consiste en sustituir los plásticos por materiales elaborados a partir de almidón extraído de la patata, el arroz, el maíz o de residuos de su procesamiento. Sobre estos soportes se graban circuitos electrónicos fabricados con grafeno.

Gaetano Marrocco, profesor de Campos Electromagnéticos de la Universidad de Roma Tor Vergata, explicó el funcionamiento de esta tecnología.

“Podemos separar, como ven aquí, esta película de su molde, en el cual se ha integrado perfectamente el circuito electrónico. Queda un último paso: debemos incorporarle un componente electrónico minúsculo, normalmente del tamaño de un grano de arena, y finalmente obtenemos un dispositivo inalámbrico completamente ecosostenible. Incluso nos lo podemos comer”, señaló.

Entre las primeras aplicaciones de estos dispositivos se encuentra la seguridad alimentaria. Los investigadores trabajan en el desarrollo de empaques inteligentes capaces de ofrecer información sobre el estado de conservación de los productos.

“Podemos utilizarlos para fabricar embalajes, es decir, empaques inteligentes. Vamos a hacer un ejemplo: usamos un sistema inalámbrico para leer el contenido de esta bandeja de aquí. Escuchen el pitido. Ese pitido que oímos nos da una información”, explicó Marrocco.

El especialista detalló que estos sistemas permiten conocer no solo datos relacionados con el envasado o la fecha de caducidad, sino también el historial de conservación del alimento.

“La información no solo está relacionada con el método de envasado o la fecha de caducidad, sino que aquí pueden ver un indicador de la calidad de los alimentos. En este caso está fresco, pero lo más interesante es el historial de cómo se ha conservado. Aquí vemos la temperatura, que se ha mantenido siempre baja dentro del rango permitido”, indicó.

Además, el sistema puede advertir cuando un producto ha estado expuesto a condiciones inadecuadas.

“Si ahora, en cambio, lo aplico a esta bandeja de carne, miren cómo aparece el mensaje de ‘atención’. ¿Por qué atención? Porque en el historial de conservación hubo un momento en que la bandeja estuvo expuesta a temperaturas muy elevadas y, por lo tanto, el producto podría estar alterado”, afirmó.

Según Marrocco, esta información podría ayudar a reducir el desperdicio de alimentos, garantizar la calidad de los productos y facilitar la gestión de inventarios en los supermercados.

Una vez concluida su vida útil, estos dispositivos pueden reciclarse para producir abonos para el suelo o materiales destinados a la fabricación de nuevos dispositivos electrónicos.

“Tenemos un proceso que es cíclico: nace de la tierra, se convierte en alimento, el residuo del alimento se transforma en un dispositivo electrónico que cumple una función para mejorar la calidad de la comida y, después, vuelve otra vez a la tierra para recuperarse y reiniciar un nuevo ciclo”, destacó.

El investigador reconoció que aún existen desafíos para producir estos materiales a gran escala, aunque aseguró que el desarrollo avanza de manera favorable.

“Toda la infraestructura, la parte digital por así decirlo, está bien consolidada. Aún queda trabajo por hacer para entender cómo producir este material a gran escala, ya que todavía tiene algunos procesos un poco lentos; pero digamos que vamos avanzando bien y esperamos que en unos años esta tecnología esté lo suficientemente madura como para entrar no solo en los supermercados, sino también en nuestros hogares”, concluyó. 

Por: RAI.