Un equipo de investigación internacional midió la velocidad del viento en siete exoplanetas muy calientes y similares a Júpiter. Las observaciones revelaron que estos fenómenos probablemente están gobernados por campos magnéticos.
El campo magnético terrestre influye en nuestra atmósfera de formas complejas. Estudiarlo es un factor clave para entender qué hace que el planeta se mantenga habitable para la vida.
Los campos magnéticos también están presentes en otros planetas del Sistema Solar, como Júpiter y Saturno. Sin embargo, durante los últimos 15 años, nadie ha logrado medir directamente la intensidad de estos campos de los exoplanetas.
Ahora, un grupo de astrónomos y astrónomas ha encontrado la evidencia más sólida hasta la fecha de que algunos planetas fuera de nuestro Sistema Solar pueden ser magnéticos. Gracias a dos herramientas, el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (VLT de ESO) y el Telescopio Gemini North, midieron los vientos en siete exoplanetas muy calientes y similares a Júpiter. Los resultados, publicados en Nature Astronomy, proporcionan la primera medición robusta de esta magnitud en planetas fuera del Sistema Solar.
“Es la primera vez que podemos comparar los entornos magnéticos de otros mundos, un paso clave para comprender, en última instancia, qué planetas pueden sobrevivir, conservar su agua e incluso, quizás, algún día, albergar vida tal y como la conocemos”, declara Julia Seidel, astrónoma del Laboratorio Lagrange (Observatorio de la Costa Azul, Francia) y autora principal del estudio.
Vientos extremadamente fuertes
El equipo no se propuso medir el campo magnético, sino los vientos. Midieron su velocidad en siete exoplanetas que orbitan diferentes estrellas: gigantes gaseosos como Júpiter, pero cada uno acoplado por marea con su estrella anfitriona y muy cerca de ella.
Así como siempre se observa solo un lado de la Luna, estos planetas siempre mantienen una cara hacia la estrella, resultando en un lado diurno abrasador y un lado nocturno helado. Esta diferencia de temperatura crea un clima completamente diferente al de nuestro planeta, con vientos extremadamente fuertes.
Las velocidades del viento en su muestra oscilaban entre unos 7 200 km/h y más de 25 000 km/h. En comparación, los vientos más rápidos medidos en Júpiter alcanzan velocidades de alrededor de 1 500 km/h. “Al principio nos propusimos comprobar si los vientos atmosféricos se comportaban igual en todos los planetas calientes”, explica Seidel, anteriormente astrónoma de ESO en Chile.
Pero cuando observaron cómo variaban las velocidades del viento con la temperatura del planeta, vieron emerger un patrón muy intrigante: cuanto más caliente es el planeta, más lento es el viento. “Esto es totalmente contraintuitivo porque todo lo demás es igual, los planetas calientes tienen más energía para acelerar los vientos. Debe ocurrir algo que ralentice la velocidad del viento para los objetos más calientes”, afirma el coautor del estudio, Vivien Parmentier, profesor del Laboratorio Lagrange.
La presencia de campos magnéticos
El equipo concluyó que la explicación más consistente para este misterio es la presencia de campos magnéticos a nivel planetario, ya que estos campos pueden actuar como freno y ralentizar el movimiento de partículas cargadas en la atmósfera. Los datos les permitieron inferir la intensidad del campo magnético en cada uno de los planetas estudiados.
Descubrieron que eran comparables en intensidad a los encontrados en nuestro Sistema Solar: aproximadamente cuatro veces más fuertes que en Saturno o la mitad de intensos que los de Júpiter.
Auroras en los exoplanetas
Además de a los vientos, los campos magnéticos tan fuertes de estos planetas distante podrían influir en otros aspectos.
“Aquí en la Tierra conocemos la belleza de las luces boreales y australes, donde partículas del Sol impactan en nuestro campo magnético y son guiadas hacia los polos, colisionando con gases de la atmósfera para producir coloridos espectáculos de verde, rosa y púrpura”, explica la coautora del estudio, Bibiana Prinoth, astrónoma de ESO en Garching (Alemania).
En los exoplanetas estudiados, las auroras impulsadas magnéticamente podrían ser aún más espectaculares. El equipo espera con ilusión la llegada del ELT (Extremely Large Telescope) de ESO, que ayudará a caracterizar no solo grandes exoplanetas similares a Júpiter, sino también otros más pequeños como la Tierra, posiblemente detectando incluso gases que podrían producir auroras en estos mundos distantes.
“Me gusta imaginar que algunos de estos mundos tienen un cielo lleno no solo de estrellas, sino de vastas cortinas de luz colorida que bailan sobre un planeta que está mitad en día perpetuo y mitad en noche interminable”, concluye Prinoth.




