La Inteligencia Artificial es fruto de la acumulación de avances en el desarrollo de la computación. Nombres como los de John von Neuman o Alan Turing jalonan ese desarrollo, pero también destacados nombres de mujer.
El Arithmeum, el museo de la Aritmética de la Universidad de Bonn, repasa la historia de las máquinas de calcular que ha inventado el hombre desde los primeros ábacos hasta los modernos microchips, pasando por la Pascalina, la calculadora mecánica de Isaac Newton o la máquina Enigma, que usaban los nazis para el cifrado de sus comunicaciones secretas. Una pieza llama especialmente la atención: se trata de una réplica de la primera máquina de calcular programable de la historia.
Sorprende, primero, por su fecha de creación: 1836. Y, segundo, porque junto al nombre de su creador, el británico Charles Babbage, aparece el de Lady Ada Lovelace, su programadora. Ella era hija del célebre poeta Lord Byron. Mientras él se hacía famoso luchando en la guerra de Grecia o escribiendo los versos de su Don Juan, ella escribía los primeros algoritmos de programación, un siglo antes de que existieran las computadoras electrónicas.
La IA, en femenino
Junto al de Babbage, recordamos muchos nombres importantes de la historia de la computación, como el de John von Newman, cuya arquitectura de sistemas es la que utilizaba tanto el MANIAC que él mismo construyó -superando al ENIAC- como las computadoras actuales, o el de Alan Turing, que logró descifrar los mensajes encriptados a través de la máquina Enigma. ¿Es que no había mujeres? Pues sí: el de Ada Lovelace es sólo el primero de los muchos nombres de mujer que jalonan también la historia de la informática y de la inteligencia artificial.
El propio MANIAC fue programado por Klara Dan von Neumann, esposa del anterior. Y su predecesora, el ENIAC, la primera computadora construida en Estados Unidos, creada para realizar los complejos cálculos de la trayectoria de los proyectiles balísticos, fue también programada por mujeres, en una programación física que requería cambiar el cableado de la máquina para cada tipo de cálculo. Y no siempre eran empleadas que quedaban en la sombra. La contraalmirante Grace Hopper desarrolló el primer compilador de la historia (que traduce un lenguaje de programación al código máquina que utilizan las computadoras, compuesto de ceros y unos).
El libro ‘Mujeres pioneras y visionarias de la IA’ recoge estos y otros casos, repasando «dos siglos de inteligencia artificial contados a través de las mentes que la imaginaron». La autora, Carmen Reina, ella misma consultora de IA y directora de IA en Femenino, recoge decenas de nombres propios de mujeres que hicieron grandes aportaciones al desarrollo de la inteligencia artificial: el de Karen Spärck Jones, «la madre de los buscadores»; Margaret Hamilton, que programó el Apollo XI; Fei-Fei Li, gracias a cuyos trabajos la IA reconoce caras y objetos; o el de Joy Boulamwini, activista que lucha por unos algoritmos éticos sin sesgos que no invisibilicen a ninguna persona.
«Mi propósito al escribir esta obra no es solo rendir un merecido homenaje a estas mentes brillantes, sino inspirar a las nuevas generaciones», afirma Reina en el prólogo. «La inteligencia artificial va a potenciar exponencialmente la creatividad humana, pero para que ese futuro sea equitativo, necesitamos que las mujeres sean protagonistas activas en su diseño y desarrollo», añade.
El test de Turing
Alan Turing hizo también grandes aportaciones en el proceso hacia la IA. No sólo puso las bases teóricas para una computadora electrónica digital programable con su «máquina de Turing», sino que creó una de las primeras en la Universidad de Mánchester. E hizo aportaciones al debate sobre si las máquinas pueden «pensar», planteando en un artículo de 1950 su conocido como «test de Turing», según el cual podríamos decir que una máquina es inteligente si un juez humano no pudiera distinguir sus respuestas de las de una persona real.
De hecho, su test planteaba inicialmente un «juego de imitación» entre un hombre, una mujer y un interrogador que no sabría cuál de los dos podría haber sido sustituido por la máquina. Pero Turing es importante en este debate por otra razón. Él, a pesar de ser reconocido como un héroe por su aportación en el esfuerzo bélico contra los nazis, fue condenado por su homosexualidad. «Padre de la Ciencia Computacional, matemático, lógico, ‘rompecódigos’ en tiempos de guerra y víctima de prejuicios», como reza la inscripción de la estatua que le erigió la ciudad de Mánchester en 2001.
La historia de Alan Turing es bien conocida, con película incluida e incluso su cara en billetes de 50 libras, no sólo porque mecere serlo; también porque desde el ámbito académico se trató de reivindicar su figura, prácticamente olvidada, en un esfuerzo que culminó con la declaración en 2012 del ‘Año de Alan Turing’, coincidiendo con el centenario de su nacimiento. Por eso es tan importante reivindicar también todos esos nombres de mujer que, por alguna razón, son más fáciles de olvidar para la historia.
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