El experimentado fotoperiodista español Gervasio Sánchez, quien ha cubierto decenas de guerras y sus consecuencias durante las últimas cuatro décadas, además de haberse centrado en buscar las víctimas reales del conflicto, como mutilados o desaparecidos, describe a través de su muestra titulada “Vidas minadas” cómo con el pasar de los años ha tenido la oportunidad de reencontrarse con muchos de ellos, lo que le ha permitido, según él, encontrar un sentido más alto de su oficio y no terminar con una depresión de caballo.

“Pues yo creo que a mí esta forma de trabajar, de buscar historias personalizadas, buscar a las víctimas reales de la guerra, que son siempre los civiles, me ha salvado de no haber caído en una depresión de caballo o haber dejado arrastrar por el alcoholismo, la drogadicción o cosas parecidas que a veces aparecen cuando no encuentras salida al trabajo que haces”, relató Sánchez. 

Para Sánchez, lo más importante es contar las historias de las víctimas de la guerra, darles nombre y hacer un seguimiento de su evolución vital, como las heridas, su recuperación, cómo han construido familias y la manera en que en ocasiones tienen un porvenir esperanzador.

El fotógrafo advierte que su estilo de trabajo busca historias personalizadas dedicadas a las víctimas reales de la guerra, que son siempre los civiles, a quienes ha podido retratar y los considera como parte de su familia universal.

Una familia que se extiende a países como Colombia, Afganistán, El Salvador, Nicaragua o Angola, y a la que regresa para recordar a sus espectadores que las consecuencias de la guerra son para siempre y que no terminan cuando lo dice Wikipedia o cuando se firma un trozo de papel llamado paz.

“Recordarle al público que las consecuencias de la guerra son para siempre, que las guerras no acaban cuando dice Wikipedia. Las guerras no se acaban porque se firme un trozo de papel llamado paz, que la paz siempre es imperfecta y que casi siempre los mismos que han perdido las guerras son los que pierden las posguerras”, comentó Sánchez. 

Gervasio Sánchez también retrata en “Vidas minadas” la ausencia de los desaparecidos, cuestionando la poca o a veces nula atención que se les presta, particularmente a sus familiares y personas cercanas, quienes atraviesan un duelo inconcluso.

Señala que todo el mundo tiene derecho a enterrar a su ser querido en el lugar que él decida.