En las entrañas de Tepito, el llamado “barrio bravo” de la Ciudad de México, emerge el culto del Angelito Negro, una devoción al diablo repleta de rituales y simbolizada por un imponente altar.
Alexis, “el chino” para los amigos, enciende un puro y baña de humo al Angelito Negro. La figura, sentada en medio de un gigante pentagrama invertido que ocupa toda una pared de la habitación. En esta pequeña habitación de una vivienda particular de Tepito, un bullicioso barrio de la capital con fama de peligroso, el “Angelito Negro”, vestido de blanco y con grandes cuernos, es el rey.
“Yo le empecé a brindar culto al “Angelito Negro” desde que mi madre se puso mala, tuvo cáncer. Y le pedí y prometí que si él me ayudaba a que mi madre saliera del cáncer yo me entregaba en cuerpo y alma, si él me ayudaba”, contó “el chino”. El joven asegura que el Angelito Negro siempre da lo que pides, pero rechaza que sea un pacto peligroso con el diablo.
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