Brasil.

Es uno de los ecosistemas más estratégicos para el equilibrio climático global y una nueva fiebre del oro lo amenaza. Un grupo de indígenas se prepara para expulsar a mineros ilegales de su pueblo en la selva amazónica de Brasil. No es la primera vez, hace 4 años ya se enfrentaron a una situación similar.

“Expulsé a 193 mineros ilegales, muchos. Éramos 20 con nuestros guerreros. Sufrimos amenazas tanto de indígenas como de no indígenas. Pero me mantuve firme para mantener la selva en pie”, cuenta uno de los habitantes originarios del territorio.

El precio del oro ha aumentado tras convertirse en un valor refugio en tiempos turbulentos y ante el futuro incierto de la economía global. Miles de millones de dólares en oro son extraídos ilegalmente en Brasil, a pesar del compromiso del presidente Luis Ignacio Lula da Silva por frenar la minería ilegal. El año pasado la policía federal brasileña localizó un récord de 447 kilos de oro de extracción ilegal. Greenpeace denuncia que la minería ilegal funciona gracias a la falsificación de permisos.

Se dice, además, que la minería ilegal avanza porque cuenta con los medios para blanquear ese oro extraído ilegalmente. Existe un mecanismo de blanqueo y mientras sea posible lavar el oro se seguirá expandiendo en la Amazonía y en tierras indígenas. Científicos consideran que las tierras indígenas protegidas son una de las mejores defensas contra la deforestación y el cambio climático, pero sus habitantes sufren amenazas y también caen en la tentación del dinero fácil. Así lo denuncia este joven indígena.

“Los jóvenes somos el futuro de nuestro territorio, no vamos a luchar solo con palabras, sino con bolígrafo y documentos. Antes se enfrentaban con machetes porras y flechas, hoy tenemos educación, conocemos nuestras leyes y derechos, y luchamos con papel y bolígrafo”, continúa el líder indígena.

Según Amazon Mining Watch, una plataforma de monitoreo del Amazonas impulsada por organizaciones ambientalistas, la minería afectó 223 mil hectáreas en Brasil entre 2018 y 2025, casi un 80% de forma ilegal. La presión minera sigue acechando áreas protegidas de la selva amazónica, clave para frenar el calentamiento global.

 

(DW).