África.

En el corazón del parque nacional de Okomu, en Nigeria, la lucha por salvar una de las últimas reservas de selva tropical en Africa Occidental está a cargo de cuidadores inesperados. Akbaibor se dedicaba a la caza furtiva y a la tala ilegal, pero ahora es guardaparques y usa su conocimiento de la selva para patrullar y proteger la vida silvestre que antes destruía.

“Hacíamos tala ilegal, llevábamos la madera a Lagos para ganar dinero y también como pasatiempo. Veníamos, talábamos los árboles, los transportábamos hasta el río y luego los cortábamos en el aserradero. Era para ganar dinero para nosotros y nuestras familias. Cuando me hice guardaparques supe de la importancia de la selva, la madera y la vida silvestre”, explica el guardabosques.

Akbaibor es parte de un equipo de guardaparques en crecimiento, reclutado en la comunidad, trabajan para combatir la deforestación, el tráfico de fauna y la tala ilegal. El entrenamiento de los nuevos reclutas es intenso. Realizan ejercicios físicos y de supervivencia en la selva para prepararse para patrullajes que pueden durar varios días. Hay solo tres mujeres. Precious es una de ellas:

“Veía granjeros, cazadores y leñadores furtivos derribando árboles y matando animales, entonces me decidí a ser guardaparques y proteger los recursos naturales para que puedan aprovecharse en el futuro.”

El esfuerzo de conservación es apoyado por la organización African Nature Investors, que trabaja con el gobierno para administrar y proteger el parque por los próximos 30 años.

“La pobreza fuerza a las comunidades a la tala ilegal, la caza o tráfico de fauna o a la deforestación para la agricultura. Si no se aborda la pobreza de las comunidades, nunca podrá dárseles un incentivo para que protejan la selva. Por eso es que empleamos a gente de las comunidades, y son ellos quienes pillan a los cazadores furtivos que matan a los animales, pillan a quienes talan los árboles y destruyen la selva, o quienes deforestan para realizar explotaciones agrícolas ilegales. Hasta ahora entrenamos a 28 guardaparques de las comunidades locales, pero no son suficientes”, explicó uno de los organizadores de esta iniciativa.

Involucrar a miembros de la comunidad y pagarles un salario también ha cambiado su sentido de responsabilidad. Antes, este elefante bebé probablemente hubiera sido cazado para usar su carne, pero fue rescatado y entregado a los guardaparques. Para Akbaibor, el leñador ilegal convertido en guardaparques, el pequeño elefante es más que un animal salvaje. Para él es algo muy personal:

“Cuando llegué aquí, al elefante le dieron mi nombre, de modo que cada vez que me llaman, él al escuchar el nombre Akbaibor, también viene, donde sea que esté, viene cerca de donde estoy yo y eso me hace feliz”.

Los conservacionistas dicen que proteger el parque nacional de Okomu no se trata solo de salvar árboles o la vida silvestre, se trata de proteger el sustento de las comunidades, combatir el cambio climático y demostrar que la transformación es posible, tanto para los bosques, como para las personas. Para Akbaibor, cada patrullaje es una forma de reconciliación, de destruir la selva, a defenderla.

 

(DW).