Colombia.
Lo que antes era un terreno estéril, hoy se convierte en un punto de encuentro donde la comunidad se une para producir sus propios alimentos. Soacha, uno de los municipios de Colombia que enfrenta grandes desafíos en el manejo de residuos y el acceso a espacios verdes, comienza a impulsar iniciativas comunitarias para responder a esta problemática.
Desde agosto de 2024, en el barrio Altico, de la comuna seis, un grupo de vecinos decidió transformar esa realidad desde la raíz: recuperar la tierra y cambiar la relación con los residuos.
“Se están beneficiando las personas del conjunto que también les gusta esto de la jardinería y, por fuera, estamos haciendo alianzas con gente de otras localidades para que vengan a dar también sus conocimientos. Entonces, también se está beneficiando gente de otro territorio. Y gente de este territorio también se está empezando a apropiar, está creyendo en que las huertas también son un resultado de la resistencia.
Como vemos acá, este es un terreno arcilloso. Entonces, acá vemos la resistencia de una planta que está creciendo. La idea es que toda Soacha implemente estos espacios y no dejemos los desechos orgánicos en la basura, sino que les hagamos un buen proceso”, compartió Jeisson López, residente del barrio y líder de la huerta.
Lo que inició como un lote no fértil, hoy es una huerta comunitaria que involucra a más de 120 personas de manera directa. A través del compostaje en pacas, los residuos orgánicos del sector se convierten en abono, cerrando un ciclo que reduce la contaminación y fortalece la seguridad alimentaria.
Además de la siembra, el espacio se ha consolidado como un escenario de formación con talleres y encuentros que ya impactan a más de 150 personas entre Soacha y Bogotá.
“Es trabajar por la recuperación del espacio, por la autonomía alimenticia, por recuperar la tierra y aprovechar los desechos orgánicos. También buscamos apoyar un proyecto social que, a futuro, permita entregar alimentos a la gente a cambio de sus residuos.
Pero no se trata solamente del intercambio, sino de que ellos mismos vengan a trabajar, cuiden el espacio y que este sea un lugar donde las comunidades puedan reunirse más allá de sembrar; que sea también un espacio de interacción social”, explicó Sebastián Acosta, otro integrante del proyecto.
Este modelo plantea una alternativa replicable en otros sectores: transformar residuos en vida, recuperar suelos degradados y reconstruir el tejido social desde el trabajo colectivo.
En menos de un año, el suelo de este territorio ha mejorado sus condiciones físicas y químicas, lo que ha permitido que la comunidad coseche sus propios alimentos y fortalezca su vínculo con el medio ambiente.
(Trece).
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