Las futuras redes inalámbricas no solo transmitirán datos: también podrán percibir lo que ocurre a su alrededor. La experta Ana García Armada analiza los retos tecnológicos que afrontan las telecomunicaciones y reflexiona sobre los obstáculos que todavía encuentran muchas niñas y jóvenes para acercarse a la ingeniería.
Ana García Armada (Santiago de Compostela, 1970) ha contribuido al desarrollo de tecnologías que hoy forman parte de sistemas tan cotidianos como la televisión digital terrestre, el wifi, la 4G o la 5G. Catedrática de Teoría de la Señal y Comunicaciones en la Universidad Carlos III de Madrid, centra su trabajo en las comunicaciones inalámbricas, uno de los campos clave para la conectividad digital.
Ingeniera de Telecomunicación y doctora por la Universidad Politécnica de Madrid, ha realizado estancias de investigación en centros de referencia internacional como la Universidad de Stanford y los laboratorios Bell Labs. Su trabajo se ha plasmado en cientos de publicaciones científicas, varias patentes y numerosos proyectos en colaboración con empresas, organismos internacionales y grupos de investigación de todo el mundo.
Además de su actividad científica, dedica parte de su tiempo a fomentar las vocaciones tecnológicas entre las más jóvenes. Coordina en Madrid la iniciativa Una ingeniera en cada cole, que acerca profesionales de la ingeniería a centros educativos para mostrar referentes cercanos y combatir estereotipos que siguen alejando a muchas niñas de estas disciplinas.
En iniciativas como Una ingeniera en cada cole trabajáis directamente con niñas muy jóvenes. ¿Qué estás observando en ellas y qué crees que funciona mejor para despertar vocaciones?
A menudo nos miran con cara de sorpresa y, al mismo tiempo, de admiración. Se nota que no han visto nunca a una ingeniera. Lo que mejor funciona es mostrarnos como lo que somos: personas normales, madres de otros niños y niñas, antiguas alumnas, y contagiarles nuestro entusiasmo por lo que hacemos. También es muy importante que vean que la ingeniería sirve para ayudar a los demás.
A lo largo de tu carrera en telecomunicaciones, ¿qué momentos o decisiones dirías que han sido clave para orientar tu trayectoria investigadora?
La primera decisión importante fue hacer el doctorado. La segunda, absolutamente crucial, fue realizar una estancia de investigación en la Universidad de Stanford, en California. A partir de ahí sentí que estaba en la primera liga. Después llegaron nuevas estancias en Stanford y en los laboratorios Bell Labs, en Estados Unidos, que definieron mis temas de investigación y me impulsaron a abordar cuestiones cada vez más punteras y con mayor impacto.
Tu trabajo se centra en el procesamiento de señal para comunicaciones inalámbricas. ¿Cuáles dirías que han sido tus principales aportaciones en este campo y qué problemas clave has intentado resolver?
Mi aportación más conocida ha sido la resolución de diversos problemas del hardware de comunicaciones para transmitir una señal denominada OFDM, una de las tecnologías que sustentan hoy sistemas como la televisión digital terrestre, el wifi, la 4G y la 5G. Cuando empecé a investigarla apenas se utilizaba en comunicaciones inalámbricas.
Gracias al trabajo de muchas personas en todo el mundo, entre las que me incluyo, esta tecnología ha acabado formando parte de numerosos sistemas de comunicaciones y se ha decidido que también será la forma de onda de la futura 6G.
Como experta en el desarrollo de tecnologías de comunicaciones inalámbricas, ¿cuáles crees que serán los principales retos de las redes del futuro?
En los próximos años queremos que las tecnologías inalámbricas no solo proporcionen comunicaciones de datos, sino que también tengan la capacidad de informarnos sobre lo que sucede en nuestro entorno. En inglés lo llamamos sensing y solemos traducirlo como sensado.
Esto puede permitir comunicaciones mucho más interesantes, experiencias totalmente inmersivas, gemelos digitales y muchas otras aplicaciones novedosas. Esta línea se conoce como Integrated Sensing and Communications (ISAC), es decir, comunicaciones y sensado integrados, y todavía se encuentra en desarrollo.
Además, queremos que todo ello se haga con el menor gasto energético posible. La inteligencia artificial puede ayudarnos mucho a alcanzar estos objetivos, pero al mismo tiempo tendremos que moderar su consumo energético.
También nos gustaría transmitir otros tipos de información, como la táctil, lo que podría abrir nuevas formas de comunicación más acordes con todos nuestros sentidos. Para ello necesitaremos más ancho de banda, disponible en frecuencias mucho más elevadas. El uso de esas frecuencias supone un reto tecnológico importante que todavía tenemos por delante.
A lo largo de tu carrera has colaborado en numerosos proyectos con la industria y organismos internacionales. ¿Qué papel tiene hoy esa colaboración en la investigación en telecomunicaciones y cómo influye en las líneas de trabajo?
La investigación en telecomunicaciones solo se entiende a través de la colaboración entre universidad e industria, y además en un contexto global. Nuestras tecnologías tienen que estar estandarizadas y disponibles para su uso en cualquier lugar del mundo. Por eso, los problemas que abordamos deben responder a necesidades reales y las soluciones que proponemos tienen que ser viables, aunque a veces solo puedan aplicarse a largo plazo.
¿Puedes contarnos algún proyecto que te parezca especialmente representativo de esa colaboración?
Un ejemplo de investigación colaborativa con mucho impacto fue el proyecto Amatista, desarrollado junto a Nokia España. Gracias a esa colaboración pudimos evaluar una tecnología que todavía estaba en desarrollo y analizar su efecto en usuarios finales. En concreto, se trataba de un servicio de musicoterapia en una residencia de mayores basado en comunicaciones 5G en ondas milimétricas, cuando esas frecuencias todavía ni siquiera habían sido adjudicadas en España.
Más recientemente participamos en el proyecto europeo MULTIPLY-6G, en el que grupos de investigación de referencia trabajan junto con fabricantes y operadores para definir posibles formas de onda para las futuras redes 6G.
Aunque ha habido avances, las mujeres siguen siendo minoría en ingeniería. ¿Qué barreras crees que siguen pesando hoy, especialmente en carreras científicas de alto nivel?
Solo podremos ser más mujeres en ingeniería si más jóvenes acceden a estos estudios. Esto está ocurriendo, pero a un ritmo desgraciadamente muy lento, aunque ya empezamos a ver algunos resultados de los esfuerzos realizados en los últimos años.
Creo que las barreras más importantes siguen siendo los estereotipos y la falta de referentes. También es fundamental explicar a las niñas para qué sirve la ingeniería. A ellas les importa especialmente el propósito de lo que hacen y es imprescindible que se lo mostremos.
Para terminar, ¿qué le dirías a una niña o adolescente que se está planteando si estudiar ingeniería?
Le diría que la ingeniería cambia el mundo y que ella puede ser una de las protagonistas. Puede elegir qué quiere cambiar, qué problema quiere solucionar y ponerse manos a la obra.
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