México.
Hace cerca de 66 millones de años, un asteroide chocó contra la Tierra en lo que ahora es la península de Yucatán, una región que en ese momento aún se encontraba bajo el mar.
La colisión produjo una serie de sucesos devastadores. El meteorito se pulverizó como resultado del impacto, se formó un cráter de cerca de 200 kilómetros de diámetro y más de dos kilómetros de profundidad, y se generaron gigantescos tsunamis, incendios y terremotos.
Millones de toneladas de polvo quedaron suspendidas en la atmósfera, bloqueando el paso de la luz del sol. La temperatura bajó y reinó la oscuridad.
Ante la falta de luz, las plantas no pudieron llevar a cabo la fotosíntesis y en poco tiempo murieron. Como las plantas son la base de casi todos los ecosistemas de la Tierra, desaparecieron cerca de tres cuartas partes de la vida que dependía de ellas.
Así ocurrió la quinta extinción. Entre otros grupos de animales, murió la mayoría de los dinosaurios que habían reinado en la Tierra durante más de 150 millones de años. También desaparecieron reptiles y mamíferos grandes, así como los amonites.
Sin embargo, no todo estaba perdido. Sobrevivieron algunas especies de plantas que vivían en la sombra y animales con ciertas características: eran pequeños, tenían una dieta flexible, hibernaban o vivían en sitios protegidos y tenían muchas crías en tiempos cortos.
Los sobrevivientes dieron origen a los linajes de todas las bacterias, hongos, plantas, vertebrados e invertebrados actuales, como las aves, que descienden de una rama de dinosaurios.
Al desaparecer la mayoría de los dinosaurios, los nichos ecológicos que ocupaban quedaron vacíos. Después de la extinción masiva, algunas especies de insectos se adaptaron a los nuevos ambientes, polinizando las plantas con flores, que también tuvieron un enorme éxito.
En cerca de 10 millones de años, los mamíferos, hasta entonces pequeños y poco diversos, tomaron roles herbívoros y depredadores, tanto terrestres como acuáticos.
La vida encontró su camino.
Aunque surge la pregunta de si debemos preocuparnos por el choque de otra roca gigantesca contra la Tierra, los científicos consideran que esto es muy poco probable.
Lo que sí está sucediendo es la destrucción de ecosistemas, la sexta extinción de especies y los cambios en el clima global, fenómenos que podrían ocasionar un cataclismo de proporciones globales.
Este no es un cuento chino. Las señales de que está ocurriendo se ven por todos lados.
Más que un nuevo meteorito, es esta crisis ambiental la que debe preocuparnos y, por supuesto, ocuparnos.
Por: TV UNAM.
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