México.

La evolución humana está ligada al mar y a su biodiversidad. Durante la era del hielo que vio nacer nuestra especie, nuestros ancestros encontraron en el mar una fuente de alimentos ricos en proteínas y ácidos grasos relativamente fáciles de conseguir, como crustáceos, moluscos, huevos de aves marinas y otros frutos del mar.

Ahora sabemos que los ácidos grasos omega tres, presentes en el pescado y los mariscos, tienen un papel fundamental en el desarrollo del cerebro, por lo que aquellos primeros pobladores de la costa tenían a la mano los nutrientes necesarios para propiciar el fantástico desarrollo de nuestra capacidad cerebral.

Los descubrimientos de conchas cocinadas a las brasas y de otros restos marinos nos ayudaron a trazar la ruta migratoria que nuestros ancestros caminaron a lo largo de las costas del sur de África hacia Europa, Asia y Oceanía.

Desde entonces, nuestras innovaciones tecnológicas como la pesca, la navegación, el enlatado y la refrigeración nos han permitido mantener en el menú platillos marinos que son parte inseparable de nuestra dieta y cultura. Sin embargo, aunque tenemos nuevas tecnologías para el proceso, en esencia, la forma como obtenemos la mayoría de los alimentos del mar continúa siendo una forma de cazar la biodiversidad silvestre.

Por: Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara.