Ecuador.
Floreana, una de las trece islas grandes que componen las islas Galápagos en Ecuador, vuelve a tener por primera vez en ciento ochenta años descendientes de su especie autóctona de tortuga gigante caminando en su territorio, tras la liberación de 158 ejemplares creados como parte del programa de conservación y recuperación de esta emblemática especie que da nombre a la región insular.
El proceso empezó en los 2000, cuando los estudios genéticos revelaron que algunas tortugas que vivían en el volcán Wolf, al norte de la isla Isabela, la más grande del archipiélago, portaban ascendencia de Floreana, extinta en la isla desde mediados del siglo XIX, por lo que estos eran los últimos descendientes vivos de un linaje que se creía perdido. Así que, a través de un programa de reproducción, estos individuos fueron criados para formar una población genéticamente lo más parecida posible a la tortuga gigante original de Floreana. Algo histórico, en palabras de Víctor Carrión, coordinador de restauración de las islas Galápagos de la Fundación Jocotoco.
«Este momento es histórico porque representa el primer fruto de un proceso de restauración que se inició junto con la comunidad de Floreana en el año 2013, cuando construimos el estudio de factibilidad, en donde se planificó la erradicación de roedores y de gatos ferales en esta isla», dijo Carrión.
La iniciativa fue liderada por el Ministerio de Ambiente y Energía, a través de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos, con el apoyo de la Fundación Jocotoco, la Fundación Charles Darwin e Island Conservation, además de Galápagos Conservancy.
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