Argentina.

Disfrutar el verano al aire libre en Pilar, un suburbio de Buenos Aires, es parte de la apuesta de decenas de familias que decidieron limitar el acceso temprano a los teléfonos móviles. Hace dos años fundaron el movimiento Manos Libres, con el objetivo de que sus hijos no tengan celular propio hasta los 14 años ni redes sociales hasta los 16.

En este grupo, un niño de 12 años dispone de solo media hora diaria de celular para chatear o jugar videojuegos. Como alternativa, utiliza un reloj con geolocalizador y opción de llamadas a tres números, y en su hogar instalaron un teléfono fijo para mantener la comunicación.

Quienes impulsan la iniciativa sostienen que la sobreexposición a pantallas a edades tempranas puede afectar el desarrollo. Argumentan que, durante la infancia, el cerebro fortalece las habilidades que se practican y deja de lado aquellas que no se estimulan, por lo que un uso intensivo del celular podría inhibir aprendizajes esenciales.

El movimiento promueve el juego libre y la reducción de dispositivos en el entorno escolar. Más de mil familias argentinas —muchas con hijos en los mismos colegios— integran Manos Libres. Otro colectivo similar, Pacto Parental, reúne a unas 300 familias.

En Argentina, muchos niños reciben su primer celular alrededor de los 9 años, pero estas madres y padres prefieren postergar ese momento para priorizar el deporte, la lectura y la interacción cara a cara.

La iniciativa también llega a escuelas, como en el partido bonaerense de Tigre, donde en algunos establecimientos los alumnos de primaria no pueden llevar celular y los de secundaria deben guardarlo durante la jornada en una caja destinada a tal fin. Docentes y directivos que acompañan la medida advierten que el uso excesivo del teléfono puede impactar en el rendimiento académico y convertirse en un distractor tanto en clase como en los recreos.

Sin embargo, no todos los especialistas coinciden con prohibiciones estrictas hasta los 14 o 16 años, como estableció recientemente Australia por ley. Algunas voces prefieren promover consensos y educación digital temprana, con reglas claras y acompañamiento adulto que enseñe a navegar de manera segura y reflexiva.

Además, se señala que en muchas escuelas de América Latina no hay suficientes computadoras o tabletas, por lo que el único dispositivo disponible para tareas educativas suele ser el celular de cada estudiante, lo que añade complejidad al debate.