Por: Camilo Cortés- Useche, PhD (Colombia). Hubo un tiempo en que dos tribus eran una sola familia. Compartían la misma hoguera, el mismo canto y el mismo vibrar de la tierra. Sus corazones latían con el fuego y el agua, decían que cuando una de ellas reía, la otra florecía. Pero con los años, el brillo del alma se dividió. Una de las tribus, seducida por el resplandor de los metales y las promesas de poder, comenzó a tejer artificios, espejos...