Por: Camilo Cortés-Useche (Colombia). Un día de 1998, durante una tarde cargada de nubes, sentí en casa ajena pero materna unas ganas espontáneas de saborear aquella bebida negada para algunos. El señor de la casa, fiel a sus costumbres y virtudes, pidió amablemente dos tazas a rebosar de café. El hecho fue realizado por una mujer con don de servicio y la receta fue tradicional; agua y granos tostados procedentes del “eje”. Mientras esperábamos...