Con cada uno de sus ocho largos y flexibles brazos, el pulpo toca su entorno para explorarlo y con este contacto ‘prueba’ los objetos. Es como si tuviera el sentido del gusto junto al del tacto. Pero aunque la comunidad científica ya había observado este comportamiento en este cefalópodo, no se sabía qué estímulos impulsaban esta capacidad sensorial del gusto por el tacto debajo del agua. Hasta ahora la quimisensación acuática se había...




