Palo Alto, EEUU. En 2015, las tijeras moleculares CRISPR Cas9 fueron consideradas el mayor avance científico del año. Desde entonces, esta herramienta se ha usado sin descanso en el laboratorio para cambiar o editar piezas del ADN de una célula, con numerosas aplicaciones terapéuticas. Cinco años después, las codescubridoras de esta tecnología recibieron el Nobel de Química por este hallazgo. Esta semana, en un salto adelante para la ingeniería...




