Guayaquil, Ecuador. A la orilla de las oscuras aguas, metidos en el fango, la mujer y los voluntarios deslizan las plataformas de madera. En esas balsas viajan las semillas que podrían salvar el estero de Guayaquil, una arteria de 70 km obstruida por la contaminación crónica. La ingeniera ambiental Ángela Cevallos se lanzó a la misión de recuperar el estuario mediante «islas flotantes» que transportan granos de mangle rojo o propágulos de la...




