Gran parte de la vida oceánica vive alejada de la luz solar, la principal fuente de energía del planeta. Son microorganismos que habitan entre los 1.000 y los 4.000 metros de profundidad y que, además de a la falta de luz, tienen que adaptarse a las características únicas de alta presión y baja temperatura de ese ecosistema. Pese a que desempeñan un papel fundamental en los ciclos biogeoquímicos del planeta, gran parte de estas especies...