Por: Camilo Cortés- Useche, PhD (Colombia).   El árbol de la vida, con sus ramas infinitas que parecen acariciar el arcoíris, me ha enseñado a agradecer cada instante. Hay momentos extraordinarios, como postales de paisajes lejanos, que me han elevado por las nubes inolvidables del recuerdo. Otros, en cambio, han sido viajes turbulentos, atravesando la niebla de la tristeza, la furia de tormentas internas y los vientos de falsos...