«El arte, la ciencia y su enseñanza son libres». Así estaba literalmente plasmado en el artículo 34 de la Constitución de la RDA de 1949. Una frase que a artistas como Hans Ticha les sigue causando risa: «Las obras que pintaba en mi estudio solo podía enseñárselas a mi mujer y a un amigo», recuerda. Agentes del Estado irrumpieron varias veces en su estudio. «Era muy misterioso: yo ponía los cuadros apoyados boca abajo contra la pared con...