Moscú, Rusia. Con un escalpelo, Vladislav Zaitsev hace una incisión entre el dedo índice y el pulgar del paciente e introduce un pequeño cilindro de vidrio: un chip subcutáneo que le permitirá abrir la puerta de su oficina. «Decidí hacerlo hace mucho tiempo», cuenta con una sonrisa el paciente, Alexéi Rautkin, un programador informático de 24 años. «Es práctico y de alguna manera es algo único: nadie más lo tiene». Vladislav Zaitsev y Alexéi...




