Por: Camilo Cortés-Useche, PhD (Colombia). En la torre, el reloj marcaba las 3:34 pm. Era una tarde lluviosa después de un viento cargado de cúmulos de nubes, mismas que dejaron caer gotas gruesas sobre el rostro del nauta a la espera de su sentencia. Después de revisar cada batería y escotilla del barco, los guardias reales quedaron atónitos, sin botín en manos y con las voces inquietantes del pueblo, no hubo más remedio que regresar al...




