Guadalajara, Jalisco
Por un momento, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara dejó de lado las letras impresas para adentrarse en el tejido más complejo conocido: el cerebro humano.
En la charla «Los secretos del cerebro» el divulgador científico y escritor Pere Estupinyà llevó al público por un viaje fascinante a través de la neurociencia moderna, la inteligencia artificial y las fronteras, cada vez más difusas, entre lo biológico y lo digital.
“Este cerebro era el mío”, dijo Estupinyà con su característico humor, al mostrar una imagen de una investigación en la que participó.
En aquel estudio, los científicos le pedían mentir en preguntas específicas para observar si el cerebro lo delataba. Y sí la actividad neuronal cambiaba. Así, sin rodeos, mostró cómo incluso las mentiras tienen firma cerebral.
El cerebro: un emisor caótico, la IA como traductora
Una idea atravesó toda la charla: el salto que ha dado la neurociencia gracias a la inteligencia artificial.
Durante décadas, medir la actividad cerebral con electroencefalogramas era como intentar descifrar un lenguaje desconocido a través de un micrófono lleno de interferencia. Hoy, la IA actúa como una traductora experta.
“Tenemos a alguien haciendo infinidad de tareas, registrando actividad cerebral, y una IA que interpreta los datos: esa combinación está revolucionando lo que podemos leer del cerebro”, explicó Estupinyà.
También relató el caso de un paciente suizo con lesión medular que no podía mover las piernas desde hacía quince años. Con entrenamiento intensivo, un exoesqueleto conectado a su actividad neuronal aprendió a reconocer cuándo el paciente pensaba “mover la pierna derecha” o “levantarse”.
Ante el público, el divulgador recreó la escena:“Ahora pienso en levantarme, decía el paciente.Y la máquina obedecía”. Sólo con pensarlo, el exoesqueleto lo ponía de pie. Los primeros pasos no los daba el cuerpo: los daba la mente.
Activar neuronas desde fuera… y desde dentro
Leer la actividad cerebral es sólo la mitad de la historia. La otra mitad es que los científicos ya pueden influir en ella.
Estupinyà mencionó investigaciones con estimulación magnética transcraneal (TMS), donde se activa una zona del cerebro desde fuera para mejorar la neurorehabilitación en personas con secuelas de un infarto cerebral. “Cuando estimulaban la región correcta durante los ejercicios, la recuperación era más rápida”, explicó.
Pero la demostración más impactante vino desde la frontera de lo intracraneal.
Contó el caso de una mujer ciega que recibió un diminuto chip de apenas tres o cuatro milímetros implantado en la corteza visual. El dispositivo enviaba señales al cerebro y, tras años en completa oscuridad, ella comenzó a percibir puntos luminosos y líneas. No era visión plena, pero era el comienzo de un puente entre lo digital y la percepción.
“Esto puede ser el siguiente paso evolutivo”, dijo Estupinyà, citando a expertos como Rafa Yuste, pionero en interfaces cerebro-máquina.
Uno de los experimentos que mencionó resume el poder y la responsabilidad de esta nueva era. Científicos lograron transferir la percepción visual de un ratón a otro: el primero veía un gato; el segundo, sin ver nada frente a él, experimentaba miedo como si lo estuviera viendo.
El cerebro del segundo ratón no distinguió entre lo real y lo que le implantaron. La línea entre percepción y simulación empieza a desdibujarse.
El gran reto: la conectómica, el mapa vivo del cerebro
Aunque conocemos las neuronas y sus sinapsis, aún ignoramos cómo fluye la actividad a gran escala entre miles de millones de conexiones. La conectómica, la disciplina que busca mapear estas redes, es el gran desafío de la neurociencia actual.
Estupinyà comparó las nuevas técnicas de imagen con pasar de una foto fija del tráfico en una ciudad a ver cómo cada auto se mueve, acelera o se detiene.Por primera vez, podemos ver el flujo, no solo la estructura.
Esto ha revelado hallazgos sorprendentes, como la existencia de unas 3 mil clases distintas de células en el cerebro, detectadas mediante transcriptómica, más allá de lo visible a simple morfología.
La charla también abordó la optogenética, una técnica que permite activar neuronas específicas usando luz azul. Al encender o apagar grupos neuronales concretos, los científicos han observado cambios conductuales en animales, como la tendencia a socializar o evitar a otros individuos.
Minicerebros, organoides, modelos computacionales del cerebro… El arsenal tecnológico crece.
El cerebro decide… influido por emociones
Para cerrar, habló de investigadores como Antonio Damasio y Daniel Kahneman, quienes han demostrado que la toma de decisiones humanas es un delicado equilibrio entre emoción y razón. ¿Qué pesa más: el miedo o la ilusión? ¿Cómo nos afectan la repetición de falsedades, los sesgos y las redes sociales? La neurociencia también intenta responder a esas preguntas.
La charla dejó claro que estamos ante un momento histórico para la neurociencia. La tecnología está abriendo capas del cerebro antes inaccesibles y, con ellas, la posibilidad de tratamientos, prótesis, diagnósticos y preguntas éticas que apenas comenzamos a plantearnos.
Los secretos del cerebro ya no son tan secretos. Pero lo que estamos descubriendo es solo el comienzo.
Por: Leslie Almanza / NCC Iberoamérica
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