Las personas que tienen trastornos psiquiátricos debido a eventos traumáticos tienen más probabilidades de sufrir un evento cardiovascular como un infarto o un accidente cerebrovascular, según muestra un estudio danés publicado hoy en The Journal of American Heart Association.

Para este trabajo, examinaron una amplia gama de trastornos mentales como posibles predictores de enfermedad del corazón y arterias; y hallaron que el alcoholismo fue el principal factor psicológico que predijo el riesgo cardiovascular tanto en hombres como en mujeres.

Según explica la primera autora del estudio e investigadora en la Universidad de California (EE. UU) Jennifer Sumner, el objetivo de la investigación no fue analizar los efectos perjudiciales de esta sustancia, pero señaló que los trastornos por consumo de alcohol contribuyen a padecer de una presión arterial elevada, una mayor inflamación, mala nutrición y a un estado de sobrepeso y obesidad.

“Tras un acontecimiento traumático, las personas pueden recurrir al alcohol para sobrellevarlo y gestionar sus emociones, dice Sumner. “Con el tiempo, este comportamiento puede llevar al alcoholismo e incrementar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas o cerebrales graves”.

Más allá del alcoholismo

No obstante, señala que el alcoholismo no es el único trastorno –vinculado al trauma– que puede tener efectos sobre el corazón. “La depresión, el trastorno de estrés postraumático, la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la ansiedad y otras enfermedades también influyen sobre la salud cardiaca”, añade.

Este tipo de condiciones pueden afectar a la salud del corazón de muchas maneras y algunas como los trastornos ansiosos y depresivos se suelen asociar a conductas de salud deficientes que incrementan el daño vascular como la inactividad física, el tabaquismo, el sueño alterado y una mala nutrición.

Además, estos trastornos se asocian con cambios físicos que impactan en la salud cardíaca, como la hiperactividad del sistema nervioso simpático, la desregulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA) y una inflamación elevada. “Por lo tanto, los trastornos psiquiátricos —incluidos los que pueden desarrollarse tras la exposición a un trauma— pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares a través de vías tanto psicológicas como físicas” sugiere.

Indicadores sólidos

Los autores analizaron los registros nacionales de salud de Dinamarca para estudiar la forma en la que los trastornos de salud mental relacionados con algún evento traumático podían desencadenar enfermedades de corazón, infartos, ictus y otras condiciones vasculares.

En concreto, analizaron los datos de 219 866 adultos daneses mayores de 18 años entre 1995 y 2019. De todos ellos, 43 994 sufrieron un infarto, un ictus o alguna intervención para restablecer el flujo de sanguíneo.

La finalidad fue determinar qué condiciones mentales constituían los indicadores más sólidos de enfermedad cardiovascular. Para ello, consideraron una amplia gama de enfermedades como posibles disparadoras y emplearon el aprendizaje automático para identificar las 15 condiciones más influyentes sobre este sistema.

El alcoholismo fue el factor de riesgo más importante tanto en hombres como en mujeres, pero los trastornos del ánimo, como la depresión, también influyeron mucho sobre la salud cardiovascular, en especial en las mujeres.

“Experimentar eventos traumáticos tiene consecuencias duraderas en la salud mental”, indica la experta. “Hasta ahora, los investigadores no creían que las diversas enfermedades de salud mental postraumáticas podían ser posibles indicadores de inicio de condiciones cardiovasculares”.

Algunas de estos trastornos como el estrés postraumático, el abuso de sustancias, la depresión y la ansiedad pueden desarrollarse después de que las personas sufran un evento difícil o impactante para sus vidas como un incendio, explosiones graves, agresiones físicas o la muerte de algún ser querido, concluye la investigadora.

Una trayectoria para evitar catástrofes

El nuevo informe de la ONU identifica una trayectoria que minimizaría el aumento máximo de la temperatura mediante recortes inmediatos y sostenidos de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo el metano, en el camino hacia las emisiones netas cero.

Además, reduciría las temperaturas mediante emisiones netas negativas a largo plazo, con la gestión de abordajes, prácticas y técnicas de extracción de dióxido de carbono (CDR, por las siglas en inglés de Carbon Dioxide Removal), como parte esencial del conjunto de medidas. La CDR es el proceso de extraer carbono de la atmósfera y almacenarlo mediante la forestación u otros medios.

Al mismo tiempo, seguir la trayectoria propuesta implicaría medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad ante los impactos actuales, previstos e inesperados del cambio climático sobre las sociedades, las comunidades y las economías —si bien es probable que existan límites a la adaptación, así como impactos irreversibles, especialmente si no se minimizan las temperaturas máximas—.

“No hay buenos resultados si permanecemos por encima de 1,5 °C. En todo el mundo, las olas de calor extremas ya están demostrando que los impactos climáticos llegarán más rápido, golpearán con mayor fuerza y durarán más tiempo, costando más vidas y provocando alteraciones más profundas”, afirma Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. “Este es el momento de redoblar la acción climática. Podemos —y debemos— tomar el camino correcto: reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, fortaleciendo la resiliencia y la adaptación, y garantizando que la superación de los 1,5 °C sea lo menor y más breve posible”.

Cruzar puntos de inflexión

El informe advierte de que la probabilidad de cruzar puntos de inflexión irreversibles aumenta con la magnitud y la duración de las temperaturas más elevadas. Entre ellos se encuentran la desestabilización de las principales capas de hielo, la degradación del bosque lluvioso amazónico y la alteración de la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico (conocida como AMOC, siglas en inglés de la Atlantic Meridional Overturning Circulation, el sistema de corrientes que transporta aguas superficiales cálidas hacia el norte y aguas profundas frías hacia el sur, desempeñando un papel clave en la regulación del clima). Algunos impactos podrían surgir de manera abrupta, mientras que otros se acumularán con el tiempo.