México.

La búsqueda de descubrimiento de fósiles requiere de paciencia, una evaluación minuciosa del terreno a explorar, tolerar las inclemencias del clima, así como un poco de suerte. En este sentido, una buena parte del desarrollo de la paleontología es resultado de hallazgos sorprendentes por parte de personas ajenas al estudio formal de esta disciplina. A estas personas se les conoce de manera informal como paleontólogos aficionados.

Durante la primera mitad del siglo XIX, Marianín, de nacionalidad británica, considerada una de las primeras paleontólogas aficionadas, encontró a los 12 años un esqueleto de un reptil marino del Jurásico. Y sus descubrimientos posteriores proporcionaron información relevante acerca de la fauna marina de ese periodo geológico.

Entre los hallazgos paleontológicos más sobresalientes del siglo pasado, se puede mencionar el de Susan Hendrickson, una profesional de buceo, dueña de acuarios y mascotas que participó como voluntaria en una temporada de campo organizada por el Instituto de Investigación Geológica de Dakota del Sur, y en la que encontró uno de los ejemplares más completos y mejor preservados del emblemático tiranosaurio rex, el cual fue nombrado ‘Sue’ en honor a su descubridora.

Estos son algunos ejemplos de numerosos casos en los que la intervención de paleontólogos aficionados ha proporcionado información importante sobre la historia de la vida en la Tierra. No cabe duda que la búsqueda y rescate de fósiles es una actividad que llama la atención de las personas sin importar su profesión. Sin embargo, es importante tomar conciencia de que este tipo de evidencia debe preservarse dada su importancia científica, social y cultural.

Por: SUMA TV.