Ecuador.

Uno de cada tres adultos tiene al menos un tatuaje y la proporción de personas tatuadas ha aumentado con los años, en especial en poblaciones jóvenes y sociedades urbanas. Las tintas de los tatuajes están diseñadas para atravesar capas profundas de la piel.

“La tinta no ingresa en epidermis, ya que esta se descama constantemente, sino más abajo, en la dermis”, dijo el médico Alejandro Olivo.

En cuanto ingresan al organismo, el sistema inmune busca inmediatamente deshacerse de ellas. En este proceso intervienen los macrófagos, células especializadas que se comen la mayor cantidad de tinta posible. Por eso, con el paso de unas semanas, los tatuajes suelen perder su intensidad.

Los macrófagos ven esta tinta como algo extraño, tratan de fagocitarla, es decir, encerrarla, pero al ser difícil tratar de romperla, simplemente los macrófagos le encienden cierran y la mantienen ahí. Entonces, se da un proceso constante de una inflamación crónica en la cual el macrófago muere, llega otro macrófago, lo vuelve a envolver y se mantiene ahí la tinta por mucho tiempo”, explicó Olivo.

Para el organismo es casi imposible eliminar la tinta del tatuaje, pues contiene pigmentos sintéticos, resinas acrílicas y metales pesados. Investigaciones más recientes muestran que pequeñas partículas pueden migrar hacia los ganglios linfáticos y quedarse ahí por décadas.

“Hay ciertos pigmentos que se quedan en los ganglios linfáticos, pero no por eso es que causan otro tipo de enfermedades, no se ha visto una respuesta crónica para decir que causan cáncer o que pueden tener trastornos inmunológicos”, agregó.

Aunque no existe evidencia que indique que los tatuajes causen daños en ganglios linfáticos y otros sitios importantes del cuerpo, lo que sí llama la atención a los científicos es cómo pueden almacenarse en diferentes partes del organismo por muchos años.

Por: Universidad Técnica del Norte (UTN) / Viviana Obando.