Argentina.

Ana María Laxalt es investigadora del CONICET y profesora en la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde forma parte del grupo de Mecanismos de Señalización en Plantas. Su trabajo se centra en comprender cómo las plantas perciben a los patógenos que las enferman y en desarrollar herramientas que permitan generar cultivos más resistentes.

«Mi nombre es Ana María Laxalt. Yo trabajo en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Soy investigadora del CONICET y profesora de la universidad. Nuestro grupo de investigación es el grupo de Mecanismos de Señalización en Plantas y el proyecto en particular que estamos muy enfocados en los últimos años es sobre el estudio de cómo las plantas perciben los patógenos que las enferman«, explicó.

El equipo estudia los mecanismos moleculares que intervienen en la interacción entre la planta y el patógeno, con el objetivo de aplicar ese conocimiento en el desarrollo de soluciones biotecnológicas.

“Estudiamos mecanismos moleculares para entender esta interacción entre la planta y el patógeno y desarrollamos herramientas que nos permitan, de última, tener una planta resistente a estos patógenos”, señaló.

El principal modelo de estudio es el tomate, debido a su relevancia regional y a que su genoma está completamente secuenciado, lo que facilita la investigación.

“Principalmente trabajamos en tomate, es un cultivar de importancia regional y es un modelo experimental que, como el genoma está completamente secuenciado, nos permite generar estas herramientas y tener una planta resistente a patógenos. Además, el tomate es primo hermano de la papa, del ají, y entonces estos descubrimientos que nosotros hacemos en tomate pueden trasladarse a otras especies de interés agrícola”, detalló.

La investigación se enfoca en los mecanismos de señalización mediante los cuales la planta detecta al patógeno, con especial atención en una enzima específica.

“En particular, nos metemos en los mecanismos de señalización, de cómo la planta percibe a este patógeno y hacemos estudios moleculares enfocados en una enzima en particular”, añadió.

A partir de estos estudios, el equipo aplica técnicas de edición génica para modificar las plantas y hacerlas más resistentes.

“¿Y qué hacemos? Las manipulamos de forma tal de obtener plantas resistentes. ¿Cómo las manipulamos? Las manipulamos mediante edición génica. La edición génica son como tijeras moleculares que cambian el genoma, que va a hacer que la planta sea más resistente a patógenos”, explicó.

Estas modificaciones permiten obtener organismos que podrían surgir de manera natural, pero que son diseñados en laboratorio bajo condiciones controladas.

“Y mediante esta edición génica obtenemos plantas que podrían ocurrir en la naturaleza, pero las diseñamos en el laboratorio. Son organismos no transgénicos, son organismos modificados, pero que en varios países y en nuestro país están aceptados como no regulados y pueden salir en la naturaleza”, señaló.

El objetivo final es llevar el conocimiento de la ciencia básica a aplicaciones concretas en la agricultura.

“De esta forma podemos, desde la ciencia básica, que es entender el mecanismo molecular íntimo entre este patógeno y la planta, ir a una aplicación biotecnológica que es obtener plantas resistentes a estos patógenos”, indicó.

El impacto de estos desarrollos es significativo, ya que contribuyen a reducir el uso de productos químicos en el campo.

“Lo que tiene un impacto en la agricultura, porque hay que usar menos fungicidas que son detrimentales para el medio ambiente y para la salud, y entonces tiene como un impacto muy positivo tener estas plantas resistentes a patógenos”, concluyó.

Por: Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP).