Desde el estado de ánimo y el sueño hasta la capacidad de reproducirnos dependen de una red de mensajería química a través de hormonas, que son reguladas por el sistema endocrino. Sin embargo, diversos estudios científicos han identificado agentes sintéticos que pueden interferir con esta comunicación vital y afectar la salud. Se les conoce como disruptores endocrinos u hormonales.

Se les ha vinculado con trastornos metabólicos, cardiovasculares y del desarrollo neurológico, disfunción tiroidea, problemas reproductivos, cáncer y un mayor riesgo de padecer diversas enfermedades graves, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los disruptores se encuentran en compuestos químicos (generalmente utilizados conservadores o colorantes) de objetos plásticos, cosméticos, alimentos procesados, productos de limpieza, pesticidas. El contacto puede ser a través del aire, la alimentación, la piel y el agua. Una característica es su capacidad de «engañar» a nuestro organismo.

“Un disruptor endocrino es una sustancia química, ya sea sintética o natural, capaz de alterar el equilibrio hormonal, pueden imitar a las hormonas naturales del cuerpo, como el estrógeno, o bloquear los receptores hormonales”, describe la doctora Leticia Morales Ledesma, de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM.

Estos agentes poseen una conformación química muy parecida a la de las hormonas naturales que regulan nuestro organismo:

  • Afinidad con los receptores: gracias a su estructura similar, se «pegan» a los receptores celulares diseñados específicamente para recibir señales de hormonas reales.
  • Mimetismo hormonal: una vez unidos al receptor, pueden imitar la función de la hormona original, enviando señales falsas.
  • Activación de respuestas no deseadas: al ocupar el lugar de la hormona, el disruptor desencadena respuestas biológicas que confunden al sistema.

Disruptores endocrinos identificados

El plástico suele contener bisfenol A (BPA), una de las principales fuentes, especialmente cuando se somete a cambios de temperatura. El calor actúa como un catalizador que facilita la liberación de químicos desde el envase hacia el contenido.

 

La costumbre de beber agua de envases que han estado expuestos al sol o calentar en microondas la comida en recipientes de plástico (no aptos o incluso algunos permitidos) es una de las vías directas de ingesta de disruptores, menciona la doctora Morales.

 

También en la cocina podemos exponernos, al calentar en sartenes con teflón dañado o en barro que contenga plomo, pues es más fácil que liberen estos agentes tóxicos.

 

En los alimentos, algunos aditivos en productos ultraprocesados, como las sopas instantáneas, tienen la capacidad de actuar como estrógenos artificiales en el cuerpo. Los envasados pueden contener sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS).

 

En los productos de cuidado personal, la lista de los cosméticos donde se han identificado incluye pastas de dientes, esmaltes de uñas, cremas para alisar, pintar y lavar el cabello, perfumes, talcos y cremas con aromas.

 

Algunos productos de higiene desechable como las toallas sanitarias y pañales contienen agentes químicos como parabenos, triclosán, benzofenonas y ftalatos que actúan como disruptores endocrinos.

 

La industria textil también ha tenido una marcada tendencia hacia las fibras sintéticas, por lo que, además de hacerla más desechable nos expone a más agentes químicos.

 

En aparatos electrónicos ahora se incluyen retardantes de llama que se añaden durante la fabricación para reducir la inflamabilidad. Estos productos químicos pueden migrar al ambiente y acumularse en el polvo y el aire en interiores.

 

Mujeres, las más expuestas

Las hormonas contribuyen al desarrollo, la adaptación y el mantenimiento de los procesos corporales y la salud. Cuando la exposición a los disruptores logran interferir con las funciones hormonales, logran afectar a muchas funciones relacionadas con la salud. Contribuyen, por ejemplo, a enfermedades inflamatorias e inmunes, otras tan comunes como la diabetes, algunos trastornos neurológicos y reproductivos.

 

Aunque estas sustancias afectan a todas las personas, las mujeres enfrentan desafíos específicos debido a la complejidad de sus ciclos hormonales.

 

Además, son ellas quienes, por sesgos de género y costumbres, conviven más con dichos agentes. Por ejemplo, ser las principales encargadas de usar limpiadores y diversos químicos en labores del hogar; al usar maquillaje, perfumes, cremas y productos de higiene con más ingredientes de color y aromas; al cocinar con diversos materiales y exponerse más a recipientes donde se empacan los alimentos.

 

Leticia Morales, especialista en fisiología reproductiva, refiere que algunos estudios concluyen que la exposición constante a los disruptores endocrinos afecta la reserva ovárica, disminuyendo el número de folículos que una mujer tendrá disponibles a lo largo de su vida. Además, podrían interferir con el pico de la hormona luteinizante (LH), lo que puede sabotear el proceso de ovulación.

 

También existen padecimientos estrechamente vinculados a estos agentes como la endometriosis, se han reportado evidencias de que la exposición a disruptores puede causar o agravar esta condición.

 

 

 

Del Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), aunque es multifactorial, se considera una endocrinopatía influenciada por estos agentes. La doctora Morales, estudiosa del tema, señala que en laboratorios, este síndrome se puede inducir inyectando estrógenos, lo que refuerza la idea de que los disruptores endocrinos que imitan estrógenos son un factor de riesgo clave.

 

La relación más preocupante es el aumento en la incidencia de ciertos tipos de cáncer. La investigadora advierte que «el manejo inadecuado de condiciones hormonales, patologías existentes como la endometriosis o el Síndrome de Ovario Poliquístico y la alta exposición a disruptores pueden elevar el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer».

 

Durante el embarazo, estas sustancias pueden cruzar la barrera placentaria y dañar las células germinales encargadas de dar origen a los óvulos o espermatozoides del bebé. Es decir, la exposición de la mamá puede afectar la fertilidad futura de sus hijos o nietos.

 

Actualmente se llevan a cabo investigaciones en torno a la relación probable entre la exposición materna a los disruptores y el desarrollo de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en los hijos.

 

A los hombres también les afecta en términos reproductivos como en la disminución de la cantidad de espermatozoides. La especialista detalla que a lo largo de los años ha cambiado el conteo promedio de espermatozoides por mililitro (concentración), incluso hay afectaciones a su calidad, cambiando su morfología y su capacidad de fertilizar a los óvulos.

 

Se le ha asociado a una mayor frecuencia de defectos del desarrollo de los órganos reproductivos, de la función reproductiva y pubertad más temprana.

 

¿Qué puedes hacer?

Aunque la exposición a los disruptores endocrinos es generalizada, podemos realizar cambios en nuestros hábitos para reducir la carga química en nuestro cuerpo:

 

No calentar comida en recipientes de plástico en el microondas. Usar vidrio o cerámica.

Evita consumir agua de botellas que hayan estado bajo el sol. Optar por envases de vidrio retornables o acero inoxidable.

Desechar sartenes de teflón rayados, evitar los plásticos como utensilios y no usar barro con plomo.

Optar por productos de cuidado personal con menos fragancias sintéticas o parabenos.

Probar alternativas ecológicas para la higiene menstrual, como las copas.

Reducir el consumo de alimentos envasados o procesados, cuyos envases y conservadores son fuentes directas de estrógenos artificiales.

Consumo responsable de ropa, menos “use y tire”.

Usar productos de limpieza naturales (vinagre, alcohol).

 

 

Dado que muchas de las formas en las que nos exponemos son para hacernos la vida más fácil o cómoda, puede resultar difícil querer hacer cambios si no entendemos el por qué. Por eso, la especialista recomienda informarnos sobre lo que significan los ingredientes de lo que consumimos y exigir más claridad a los productores y a los organismos reguladores.

 

“A pesar de la evidencia científica, la población general aún carece de una conciencia plena sobre estos agentes. Falta un esfuerzo regulatorio y educativo similar al que se hizo con los sellos de los alimentos y con la industria del tabaco en el que se usaron estadísticas para concientizar a la población sobre estos riesgos», enfatiza la doctora Leticia Morales.

 

El ejemplo es la frase “libre de BPA” sin dejarle claro al consumidor si eso es bueno o malo, o qué repercusiones tiene. En su opinión, los productos que contienen químicos que se han demostrado fungen como disruptores hormonales, deberían llevar advertencias sanitarias claras.

 

A nivel internacional, el debate en temas regulatorios sigue siendo complejo. Se han centrado en dosis, niveles de exposición y toxicidad máximas. Sigue sin establecerse los criterios científicos según los cuales se determinan las propiedades clave de estas sustancias que las convierten en disruptores endocrinos.

 

En la Unión Europea cuentan con una legislación sobre la Clasificación, envasado y etiquetado de sustancias y mezclas químicas en el que se establece requisitos uniformes para la clasificación, etiquetado y envasado (CLP) de sustancias y mezclas químicas, de acuerdo con el Sistema Globalmente Armonizado (según su tipo de peligro) de las Naciones Unidas. Exige a las empresas clasificar, etiquetar y envasar adecuadamente las sustancias químicas peligrosas antes de comercializarlas.

 

También han establecido reglamentaciones claras sobre algunas sustancias, principalmente herbicidas a base de glifosato (GBH), de los plaguicidas más utilizados en todo el mundo, en su legislación sobre plaguicidas.

 

La Unión Europea también ha influido en cambios para algunos productos de cosmética e higiene personal. Como la prohibición de la comercialización y uso de esmaltes permanentes para uñas (como el gelish u otros) que contengan las sustancias TPO (trimetilbencil difenil fosfina óxido) y DMTA (dimetil-p-toluidina) en septiembre de 2025. Dichos químicos, que suelen usarse bajo el secado de una lámpara, se clasificaron como tóxicos para la reproducción y cancerígenos.

 

Como usuarios, al entender que estas sustancias engañan a nuestras células y la exposición constante afecta a nuestro organismo, podemos tomar la decisión consciente de evitarlas lo más posible como una medida de prevención.