Beirut, Líbano.
En el hospital Rafic Hariri, en Beirut, no cuenta con camas disponibles, el personal médico trabaja sin descanso mientras se arriesgan para salvar vidas. La situación empeora cada día, pues las camas de la UCI están llenas desde hace tres semanas con un promedio de 20 pacientes en la sala de urgencias esperando entrar; un escenario agotador para el personal médico.
Desde hace casi un mes, el Líbano está sometido a un toque de queda de 24 horas, con el fin de frenar la propagación de la COVID-19. Pero las protestas contra el confinamiento en ciudades como Trípoli lograron presionar al gobierno para que suavizara las restricciones, por lo que las medidas están poco a poco siendo más flexibles.
Esto puede ser beneficioso para la maltrecha economía, pero preocupa al personal sanitario; el país tiene una tasa de mortalidad del 20 por ciento, por lo que si se abre el país sería un retroceso en la lucha contra la enfermedad. Aunque los pacientes reciben la mejor atención posible, la escasez de medicamentos está complicando aún más la labor de los médicos: quienes, debido a la crisis económica, están abandonado el país.
En medio de una pandemia, los hospitales no pueden darse el lujo de perder a su personal sanitario, pero la crisis del Líbano quizás no les deje otra opción.
Por: Deutsche Welle.
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