Ecuador.

Aunque la pandemia ya no genera la misma alarma, las enfermedades respiratorias como el COVID, la influenza y hasta un simple resfriado, siguen afectando a nuestro sistema inmune. El contagio aún existe y puede representar un riesgo, especialmente para personas con defensas bajas, por lo que la prevención sigue siendo fundamental.

El doctor Ricardo Loaiza, jefe de la Unidad de Salud de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), explica cómo han evolucionado estas enfermedades y su impacto en la actualidad.

Todavía hay cierto temor en el ambiente, ¿por qué? Porque este es un virus cambiante. Y al hablar de un virus cambiante es un virus que muta. El término mutación, ¿qué significa? Significa que los virus cambian genéticamente, sufren modificaciones en su genética, lo que hace que estos virus cuando se desarrollan, o en este caso se replican, en esa replicación vienen virus más fortalecidos, por llamarlo así. Entonces, esas nuevas variantes que aparecen ya no son las variantes de antaño. Ya no son las variantes que en su momento ocasionaron los brotes endémicos y que también ocasionaron en su momento la gran pandemia”, detalló.

El cuerpo humano puede desarrollar inmunidad frente a virus respiratorios, ya sea mediante la vacunación o el contacto previo con la enfermedad. Sin embargo, esta protección no siempre es duradera ni igual en todas las personas. Para aclarar este tema, el profesional de la salud nos detalla el rol actual de las vacunas.

 «Ninguna vacuna genera inmunidad permanente y eso es importante recalcar. La inmunidad tiene un ciclo, la inmunidad tiene un tiempo. La inmunidad que nosotros como personas desarrollamos o la inmunidad que se adquiere mediante las vacunas. Independientemente del tipo de inmunidad, esto es un ciclo, es algo cíclico, ya que sube, se mantiene en un tiempo, en un espacio de tiempo y luego va declinando. Entonces, la vacuna siempre es bienvenida. Quiero ser claro en esto, no es que las vacunas son malas. Toda vacuna genera efecto colateral”, explicó.

Aunque ya no existen restricciones obligatorias, mantener medidas básicas como la higiene, el cuidado personal y la atención oportuna ayuda a reducir el riesgo de contagio. Mantenernos informados y actuar con responsabilidad no solo protege nuestro bienestar, sino también el de quienes nos rodean.

“Si la gente no hubiese perdido esa costumbre del simple lavado de manos con agua y jabón, y esto lo digo categóricamente y enfáticamente, la pandemia no hubiera escalado tanto como lo fue en su momento”, concluyó.

Por: Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG) / Gabriel Ortiz.