Chile.
La historia de este lugar comenzó cuando esta pareja se vio obligada a plantearse cómo sobrevivir en una región azotada por la sequía después de que casi no lloviera durante doce años consecutivos.
“Todo este proyecto se generó netamente por necesidad. No fue con un objetivo de producir, ser autosustentable o generar energías renovables, sino que fue por un tema de autoalimentación. Y en el camino nos fuimos dando cuenta de todo lo que nos podía brindar la naturaleza y cómo poder utilizarlos en un beneficio que fuese mutuo”, dijo Macarena.
La granja “La Pachamama” transforma, mediante biodigestores, el estiércol de oveja en biogás, el cual abastece de energía a su hogar. También producen su propia electricidad y llevan ocho años sin depender de terceros. Gracias al trabajo con sus cabras y ovejas y a la mejora del suelo con estiércol y cartón, Macarena y Marcos Aceituno han logrado cultivar más de trescientos árboles frutales en un terreno donde antes no se podía sembrar ni uno solo.
“En el sector en el que estamos hoy día, el sector de los Molles, de alguna u otra manera, aprendimos a subsistir, a buscar nuevas alternativas. El cambio climático, de alguna u otra manera, nos está enseñando a aprender a vivir”, comentó Marco Aceituno.
La granja se ha convertido en un modelo de economía circular y de resiliencia rural. Además de producir su propia energía y alimentos, la pareja se dedica a la educación. Reciben a niños para que aprendan sobre agroecología y vida sustentable.
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