Por Liliana Morán Rodríguez, Ciencia UNAM-DGDC
A nivel mundial, durante siglos, el acceso a la educación formal fue un espacio reservado exclusivamente para los varones. En el México prehispánico, las niñas mexicas recibían instrucciones sobre deberes domésticos, manualidades y consejos sexuales para hacer felices a los hombres. No cambió mucho durante la Conquista, la Colonización ni en los periodos de estabilidad de la Nueva España. Quizá recordemos las clases de historia donde nos contaron el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer mexicana de la época virreinal que desde muy pequeña quería estudiar, pero como la escuela era exclusiva para hombres intentó que la enviaran disfrazada de varón sin conseguirlo. Para evitar el matrimonio y tener acceso a lecturas se convirtió en monja; desde esa trinchera escribía sobre el derecho de las mujeres a estudiar.
En el marco de la conmemoración, desde la UNAM, del Día Internacional de las Mujeres, Jóvenes y Niñas en las Ciencias (11 de febrero) nos preguntamos ¿Cuál es el efecto en ellas del acceso a la educación? ¿Cómo algunas han logrado colocarse en espacios que durante siglos estuvieron reservados exclusivamente para los hombres? ¿Por qué hasta el presente siguen existiendo carreras y profesiones “feminizadas” y otras “masculinizadas”?
“La educación está vinculada, entretejida con lo que se vive a nivel social, económico y político. Entonces, podemos analizar la historia de la educación general y de la inserción de la mujer al estudiar los contextos por los que atravesaba el país y la influencia del extranjero”, responde en entrevista con Ciencia UNAM la doctora María de Lourdes Alvarado y Martínez Escobar, investigadora del Instituto de Investigaciones Sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.
Hacia el progreso
En la época de Independencia de México, con la inestabilidad económica, social y con diversos riesgos bélicos; muchas mujeres quedaban en desamparo sin esposos o padres que las mantuvieran, por lo que tuvieron que aprender oficios que parecían “propios del sexo femenino” para poder mantenerse a ellas y a sus familias: corte y confección de prendas, bordar, cocinar, limpiar y manualidades.
Durante este periodo, relata la especialista en educación superior femenina, la prensa influyó en los análisis sobre si era necesario o importante que las mujeres accedieran a otro tipo de educación, más allá de lo que en ese entonces se consideraba elemental. Además, las mujeres mandaban mensajes a los periódicos en los que pedían que se abrieran espacios a favor de su superación.
Dado que la educación no está separada de lo que pasa en la sociedad, la doctora Lourdes Alvarado destaca un notable progreso durante el gobierno de Benito Juárez, pues él y su grupo consideraron que la educación era una vía para salir de las crisis en las que vivía el país.
Restablecida la paz, en 1867, entró en vigor la Ley Orgánica de Instrucción Pública y se creó la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) con el lema “Amor, Orden y Progreso”, con la convicción de que “ilustrar” al pueblo era el medio más seguro y eficaz de mantener el respeto a la Constitución y a las leyes.
Dicha ley marcó el camino por el cual se ha transitado en términos educativos en el país: gratuidad de la enseñanza primaria para todas las clases sociales; obligatoriedad, de carácter laico y con la enseñanza del civismo.
Además, abrió paso a las mujeres, pues se fundó la Escuela Secundaria para mujeres que comenzó a funcionar en 1869. En este espacio se enseñaba gramática, cuidados médicos, aritmética básica, civismo (principios republicanos) y se podía desarrollar algún oficio para el empleo como dactilografía (luego taquimecanografía), telegrafía, idiomas o canto.
Esta secundaria para mujeres, se convirtió en la primera escuela Normal de México (1909), en la que se buscaba que el magisterio dejara de ser una profesión condicionante de la situación del país, sino que estuviera regulada por el Estado. Quizá por sus orígenes, la profesión se había mantenido hasta hace muy poco tiempo, con tendencia “feminizada”. Actualmente, el 51% del magisterio en el país se conforma por mujeres.
Camino a las universidades
En 1883, 16 años después de fundada la Escuela Nacional Preparatoria, se inscribió la primera mujer para recibir la misma educación que los hombres, que incluía ciencias naturales, física, astronomía, geografía física, biología, astronomía y las ciencias del hombre (sociología). Luz Bonequi fue una entre más de 800 hombres.
En 1887, Matilde Montoya estuvo completamente impulsada por su madre para culminar sus estudios en la ENP y continuar por un título de carrera liberal: medicina ¡Y lo logró! Después, hacia finales del siglo XIX se graduó María Asunción Sandoval como la primera abogada de México.
No fue un cambio drástico ni fácil, pues mandar a las hijas a la preparatoria o a las universidades era visto como un camino hacia la pérdida de la inocencia y decencia o se creía que les restaba feminidad, asegura la doctora Lourdes Alvarado.
Si preguntamos a las mujeres de 80 años o más, nos podrán decir que sus oportunidades fueron distintas a las que tienen ahora las chicas de 20 años, pues el promedio de escolaridad es de 4.2 años (ni la primaria) para las adultas de 80 a 84 años, en comparación con los 11.5 que tienen las jóvenes de 20 a 24, según datos del INEGI.
Debido a las transformaciones políticas, sociales, culturales, económicas y laborales, en la actualidad las oportunidades de acceso a la educación para las mujeres han ido en aumento; aunque sigue dependiendo de otras vulnerabilidades como los entornos rurales o urbanos; usos y costumbres; situación económica; entre otras.
Por ejemplo, datos del INEGI 2020 indican que 1 de cada 100 habitantes no sabe leer ni escribir (analfabetas), de los cuales 68.65 son mujeres, la mayoría de entornos rurales. Esto limita su libertad, desarrollo y las acerca más a entornos de pobreza y violencia.
Tampoco podemos olvidar lo ocurrido en la Pandemia de COVID-19 en la que las tasas de deserción escolar en todo el mundo fueron más altas en mujeres, porque el fenómeno del cuidado del hogar y las personas sigue feminizado.
La presencia de las mujeres en la educación superior es importante, cada vez más se ha igualado o rebasado el número de mujeres que ingresan y egresan de alguna licenciatura o posgrado.
Sin embargo, el llamado techo de cristal persiste porque son pocas las que logran incorporarse al sistema como personal académico, al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) o quienes ocupen puestos de toma de direcciones y otros en los que impacta en mejores oportunidades profesionales, económicas y en la toma de decisiones.
Las mujeres suelen recibir becas de investigación más modestas que sus colegas masculinos y, aunque representan el 33.3% de todos los investigadores, sólo el 12% de los miembros de las academias científicas nacionales son mujeres y la brecha se amplía cuanto mayor es el nivel alcanzado en el escalafón. Además, las investigadoras suelen tener carreras más cortas y peor pagadas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Existen campos de conocimiento en los que la presencia de las mujeres sigue siendo muy baja en comparación con los hombres. Se trata de los ámbitos de STEM Science, Technology, Engineering and Mathematics (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)
El futuro
Se considera que las profesiones en STEM son los empleos del futuro, los que van a influir en el desarrollo, impulsar la innovación, el bienestar social y el crecimiento. Sin embargo, es un área dominada por hombres: tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la ingeniería, cuyas tasas globales de matriculación de mujeres son del 27% y 28%, respectivamente, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
En México, las mujeres siguen optando mayoritariamente por áreas relacionadas con la asistencia y el cuidado (educación, salud), las ciencias sociales y las humanidades.
Una de las razones por las que las mujeres no se visualizan en las carreras STEM es porque no se ha reconocido el papel de ellas a lo largo de la historia en estas áreas: solamente 3% de los Premios Nobel en ciencias han sido otorgados a mujeres, según datos de ONU Mujeres.
Podría ser una expresión de la Violencia epistémica, uno de los tipos de violencia a los que suelen enfrentarse las mujeres: “Es un conjunto de prácticas científicas disciplinares y cognitivas, las cuales, intencionadamente o no, invisibilizan la aportación de determinados sujetos sociales a la construcción, discusión y difusión del conocimiento”, según la Coordinación para la Igualdad de Género en la UNAM
Aunque se ejerce en contra de las personas por motivos de orientación sexual, etnia, edad o nacionalidad, el género destaca como uno de los principales motivos de discriminación, de exclusión de las mujeres de las carreras STEM, por tratarse de profesiones estereotipadas como “masculinas”.
Las mujeres en áreas STEM son necesarias no sólo para que sus oportunidades económicas sean equiparables a las de los hombres; también porque se ha logrado advertir que se requiere su visión, su perspectiva y la inclusión de las necesidades de investigar los males que achacan a las mujeres y que no se han tratado por el sexismo en las investigaciones científicas.
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