Colombia.

En Cumbal, en el suroeste de Colombia, comunidades indígenas han iniciado una lucha contra el hambre recuperando semillas ancestrales que durante décadas alimentaron a sus familias. Tras años de expansión ganadera, la producción de leche desplazó los cultivos tradicionales y puso en riesgo la seguridad alimentaria, situación que se evidenció con fuerza durante la pandemia de COVID-19.

Para indígenas como Segundo Gilberto Peregues, del resguardo indígena Gran Cumbal, volver a sembrar es también una forma de recuperar el territorio y las tradiciones, y sueña con que su comunidad se convierta en ejemplo. 

“Porque algún día, nosotros soñamos de pronto decir que Cumbal ahorita es potencia en la producción de leche, pero nosotros algún día no tan lejano decir que Cumbal va a ser la potencia en producción de comida”, mencionó Gilberto.

Ante la expansión ganadera y el auge de la producción de leche, docentes del Instituto Educativo Técnico Agropecuario Indígena (CUMBE) impulsaron la creación de un banco comunitario de semillas con el apoyo de sus estudiantes. El ejercicio permitió rescatar decenas de variedades de papa, fríjol, maíz y otros tubérculos, y dio origen a un proyecto respaldado por el programa Biodiversidad para Ecosistemas Resilientes, financiado por Canadá y liderado por la alianza Bioversity Internacional y el CIAT.

Es muy importante conservar la semilla porque prácticamente es asegurar nuestra supervivencia en el tiempo. Si nosotros conservamos nuestras semillas, nosotros conservamos nuestros granos, nuestros tubérculos nativos andinos también estamos conservando nuestra seguridad alimentaria, pero también nuestra soberanía alimentaria. Y eso es garantizar la supervivencia de los pueblos indígenas”, dijo el docente Esteban Gargotena Rosero.

Hoy se han identificado más de treinta especies de cultivos, otras tantas frutales y un centenar de plantas aromáticas y medicinales. El proceso se fortaleció con la creación de la Casa de Semillas Yarfue CUMBE, un centro que abastece a otros nueve bancos en escuelas rurales. Las familias pueden solicitar semillas con el compromiso de devolver una parte mayor tras la cosecha, mientras los niños aprenden a sembrar y conservar este patrimonio agrícola. Con ello, se busca garantizar que este conocimiento ancestral continúe transmitiéndose.

Gracias a esta iniciativa, los hogares han vuelto a llenar sus cocinas con productos que en un momento fueron difíciles de adquirir, como papa, habas, quinoa, cebada, trigo, ollucos y maíces nativos.