Riesgos climáticos como el estrés térmico, los fenómenos meteorológicos extremos y la contaminación pueden reducir hasta en un 14% los ingresos anuales del deporte, según un informe de la consultora internacional Oliver Wyman, que anticipa que dentro de 10 años esas serán las mayores amenazas operativas y financieras para el sector.

El análisis, publicado este viernes, indica que los riesgos relacionados con el clima «ya están afectando a calendarios de competiciones, audiencias y operaciones» y tienen el potencial de generar pérdidas de 517.000 millones de dólares en 2030 y hasta 1,6 billones en 2050.

También apunta que la economía del deporte «depende en gran medida de unas condiciones medioambientales estables», pues más del 90 % de los derechos de retransmisión y el 76 % de los ingresos por patrocinio en el deporte profesional están vinculados a actividades al aire libre.

Una muestra es el Abierto de tenis de Australia que se disputa en Melbourne, donde el programa del sábado se adelantará media hora ante la previsión de temperaturas superiores a los 40 grados. Varios jugadores y recogepelotas han sufrido las consecuencias físicas del intenso calor y la número uno del mundo, la bielorrusa Aryna Sabalenka, ha dicho que jugar así «es una locura» y que el resultado de los partidos depende en gran parte de «quién se adapta mejor».

Frente a los cuatro pilares que impulsan la expansión del sector -el turismo deportivo, el deporte como activo de inversión, el auge del deporte femenino y el motor de los mercados emergente-, el informe de Oliver Wyman cita dos riesgos que amenazan su potencial de crecimiento: la inactividad física, especialmente entre los jóvenes, con la consiguiente presión para el sistema sanitario, y el impacto del cambio climático.

«Anticiparse a los retos de salud y sostenibilidad será clave para asegurar un crecimiento sostenible y duradero en las próximas décadas», aseguran los autores.

Los riesgos climáticos, apuntan, «están alterando las competiciones, mermando la experiencia de los espectadores, limitando el bienestar de la comunidad y afectando a las cadenas de suministro y a las operaciones que sustentan la economía deportiva en general».

Efecto bidireccional

Pero el informe señala que la presión es bidireccional, porque el deporte contribuye al cambio climático «debido a la demanda intensiva de recursos de las competiciones, los artículos deportivos, las infraestructuras y los viajes», lo que genera mayores emisiones de carbono, consumo de agua y generación de residuos.

«Estas dinámicas se refuerzan mutuamente: la degradación medioambiental desalienta la actividad física, mientras que las poblaciones menos activas son más susceptibles a los efectos del clima sobre la salud», dice el análisis, que habla de «un círculo vicioso que amenaza con frenar la demanda a largo plazo, la resiliencia y la capacidad del sector para generar resultados sociales y económicos positivos».

Si el sector no toma medidas para mitigar estos riesgos, añade, «el impacto combinado del aumento de la inactividad física, la aceleración del cambio climático y la pérdida de naturaleza podría hacer que la economía del deporte perdiera hasta un 14 % (517.000 millones de dólares) de sus ingresos anuales para 2030, con pérdidas que se prevé que aumenten hasta el 18 % (1,6 billones de dólares anuales) para 2050.

De aquí a diez años los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad y los cambios críticos en los ecosistemas serán los tres principales factores de riesgo para la economía global, incluida la del deporte.

El informe considera que el deporte es una fuerza fundamental, por su dimensión económica y su influencia cultural, «para impulsar un cambio intersectorial positivo» y propone tres vías: la gestión responsable de los recursos, la resiliencia empresarial para reducir el impacto ambiental y la integración del deporte y la actividad física en un diseño urbano sostenible.