Iberoamérica.

Cada año, unas 7 millones de personas, entre ellas 600 mil niños menores de 15 años, mueren prematuramente debido a la mala calidad del aire, la mitad por la contaminación externa. Los contaminantes más peligrosos son las partículas microscópicas en suspensión en el aire. Ellas provienen especialmente de la actividad agrícola, industrial, la quema de leña para calefacción y el transporte vehicular.

Las partículas más finas de los carburantes como el diésel son las más peligrosas. Estas penetran en las vías respiratorias, pueden ingresar al flujo sanguíneo y además pueden contener metales tóxicos. El ozono surge de reacciones químicas bajo el efecto del sol entre varios contaminantes, como el óxido de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles.

Las emisiones de ozono provienen especialmente del transporte, la agricultura y la industria. Este gas agresivo puede dañar la vegetación y afectar a las personas, provocando inflamación de los pulmones y los bronquios.

Óxidos de nitrógeno, monóxido, pero especialmente dióxido de nitrógeno se forman durante la combustión, como en los vehículos y las plantas eléctricas. La industria emite asimismo dióxido de azufre, bencina o amoníaco y metales pesados como plomo, cadmio, níquel, arsénico y mercurio que se acumulan en el organismo y pueden afectar las funciones respiratorias y el sistema nervioso.