Durante cuatro meses Francisco Oliveros, mecánico industrial, junto a su colega John Ferner, quien vive en Perú, desarrollaron la idea de una cápsula que se convierte en un aislador del mundo exterior, cubre tres puntos por donde es posible adquirir el virus de la COVID-19: nariz, boca y ojos.
Colocar esta cápsula lleva un poco más de tiempo que colocarse un cubrebocas, porque tiene integradas unas almohadillas que se ajustan al cuerpo y que permiten el cerrado hermético del aparato. La cápsula tiene un peso de 1.4 kilogramos y contiene un motor que produce un vacío que provoca que el aire solo pueda atravesar por un filtro que atrapan el 95 por ciento de las partículas provenientes del exterior.
El uso de este artefacto no produce calor extra para el cuerpo y se puede desinfectar con alcohol y su batería dura de 10 a 12 horas. Además, contiene ventiladores para asegurar el flujo del aire en el interior. Por si fuera poco, el aparato es capaz de tomar la temperatura del usuario en tiempo real. Esta es una nueva alternativa que está en proceso de aprobación por las autoridades sanitarias colombianas.
Por: Rafael Poveda/ Convocatoria
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