Tras más de cinco décadas de ausencia humana en el espacio exterior, la misión Artemis II despegará el próximo 1 de abril para sobrevolar por la cara oculta de la Luna. En total, los cuatro astronautas se alejarán más de 400 000 kilómetros de la Tierra, el punto más distante en el cosmos al que jamás haya llegado nuestra especie.
Por fin, después de sucesivos aplazamientos, ya hay fecha marcada en el calendario: el 1 de abril, a las 18:24 de la hora local en Florida (00:24 AM del 2 de abril en horario peninsular español) está programada la primera oportunidad para que despegue de la Tierra la misión espacial que abrirá una nueva era de exploraciones y descubrimientos. Si las circunstancias climáticas no son favorables, la ventana de lanzamientos prevé otros intentos el 2, 3, 4, 5, 6 y 30 de abril.
Tras más de cinco décadas de ausencia humana en el espacio exterior desde el fin de la era Apolo, la misión Artemis II se alza como el salto más arriesgado y fascinante de nuestra generación. La diosa de la mitología griega, Artemisa, sucede a su hermano gemelo, Apolo.
El reto es monumental: la tripulación deberá validar el funcionamiento crítico de los sistemas de soporte vital de la nave Orión, en la que viajan los astronautas, mientras se enfrentan a la intensa radiación de los cinturones de Van Allen y a un viaje de 10 días sin la posibilidad de realizar un aborto rápido.
Nunca el ser humano llegó tan lejos
Lo más asombroso es que, al realizar un sobrevuelo por la cara oculta de la Luna, estos cuatro astronautas (incluyendo a la primera mujer y al primer afroamericano en una misión lunar) se alejarán más de 400 000 kilómetros de la Tierra, alcanzando el punto más distante en el cosmos al que jamás haya llegado nuestra especie. Para hacernos una idea, en ese espacio de 400 000 km cabrían, uno al lado del otro, todos los planetas del sistema solar (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) y aún sobraría espacio.
Para el gran reto de proteger a los astronautas de la radiación solar extrema y cósmica durante Artemis II, la NASA emplea una estrategia de “defensa por capas”. Bajo el nombre de ‘Experimento Matroshka’, combina tecnología de detección avanzada para monitorear los niveles de radiación y unas soluciones físicas ingeniosas que mitigan la exposición basándose en múltiples capas de protección.
Diferencias entre la misión Apolo 17 y Artemis II
Cuando en 1972 los últimos tres astronautas en misión a la Luna se montaron en el Apolo 17, los medios tecnológicos eran muy diferentes:
- Apenas había espacio en el módulo de tripulación. Esta vez viajarán cuatro astronautas con más espacio habitable.
- La generación de energía era mediante pilas de combustible, frente a los paneles solares actuales.
- El único ordenador de a bordo contaba solo con unos pocos kilobytes de memoria total, muchísimo menos de lo que hoy en día tienen incluso relojes inteligentes o dispositivos electrónicos comunes. Mientras, el Orión dispone de múltiples computadoras redundantes, con millones de veces más memoria y procesamiento.
- Las telecomunicaciones, muy básicas, se concentraban en una sola señal de radio en la banda S de aproximadamente 2 GHz. Hoy son superadas por una infraestructura con mayor ancho de banda y fiabilidad, con comunicaciones digitales más robustas que soportan voz, telemetría y transmisión de datos científicos más complejos.
Con todo y con ello, la expedición de la misión Apolo 17 consiguió llegar a la Luna, donde estuvo 75 horas trabajando intensamente. Los astronautas recolectaron muestras de rocas y polvo lunar que se trajeron a la Tierra (cerca de 100 kg), condujeron un vehículo lunar para explorar más terreno, colocaron sensores y sondas para para medir gravedad, calor, actividad sísmica y partículas y hacer experimentos científicos, etc.
Finalmente, una diferencia clave entre ambas misiones es que, si bien Apolo 17 fue la culminación de una carrera espacial esencialmente estadounidense, nacida de la rivalidad geopolítica de la Guerra Fría, Artemis II representa una nueva forma de explorar el espacio. Se trata de un esfuerzo internacional y colaborativo en el que varias agencias y países trabajan juntos para regresar a la Luna: Europa (ESA), Japón (JAXA), Canadá (CSA), Emiratos Árabes (UAESA), Australia (ASA), etc.
El gran ensayo general
Por su parte, la nueva misión ni siquiera tiene previsto alunizar, como se consiguió hace ya más de 50 años, pero será esencial para que, en 2028, Artemis IV lo logre con más garantías de éxito. Artemis II y Artemis III (misión también tripulada que se desarrollará en la órbita baja terrestre el año que viene para probar los trajes espaciales y diversas tecnologías críticas) serán el gran ensayo general antes del estreno más esperado de la exploración lunar.
Como en un teatro, cada sistema de la nave, desde la propulsión y la navegación hasta las comunicaciones, el soporte vital y la reentrada a gran velocidad, será testado bajo los focos de la realidad, con astronautas como protagonistas y la Tierra como público expectante.
Todo se pondrá en escena con precisión, como quien ajusta la música, el vestuario y la coreografía, para que Artemis IV pueda, finalmente, brillar en su histórico estreno sobre la Luna.
Cuando esto ocurra en 2028, dos de los cuatro astronautas del Orión descenderán al suelo lunar para recopilar muestras, hacer experimentos científicos, estudiar el terreno y tomar datos del entorno de nuestro satélite antes de volver a la órbita lunar y regresar a la Tierra. En total, 30 días, una misión tres veces más larga que la que nos espera en los próximos días.
En vivo y en directo
Es innegable que vivimos un momento extraordinario: nunca antes había sido tan fácil sentirnos parte de una misión lunar. Gracias a las nuevas tecnologías, podemos seguir Artemis II casi como si estuviéramos allí, en directo y desde casa, comiendo palomitas, a través de plataformas como NASA+, el canal de YouTube de la NASA y Artemis, y las redes sociales oficiales de las agencias participantes, donde se comparten imágenes, vídeos, explicaciones y momentos clave en tiempo real.
La exploración del espacio ya no es solo cosa de astronautas y centros de control: hoy es una experiencia para todos nosotros, compartida, abierta y global. ¿Se lo va a perder?




