Peluches, monederos, libretas, playeras, mochilas y hasta canciones. Los capibaras están por todas partes. Y cuando decimos todas partes es porque, literalmente estos simpáticos roedores se han convertido en tendencia mundial gracias a su adorable aspecto y a los videos donde los vemos disfrutando de fuentes de agua y de la convivencia con otros animales.
Su popularidad ha llegado a tal punto que en diversos zoológicos, bioparques y cafés temáticos son la estrella del lugar, atrayendo a miles de visitantes que desean convivir con ellos y tomarse la foto del recuerdo.
¿De verdad son tan dóciles que pueden ser considerados animales de compañía? ¿Qué impacto ambiental tiene su adquisición en los países donde no son nativos? ¿Qué tan recomendable es que una especie salvaje esté expuesta al contacto humano?
“Los capibaras son los roedores más grandes del mundo. Una de sus características es que tienen una gran corpulencia que hace que la gente no los relacione con otros miembros de su familia como las ratas, los ratones o los jerbos”, responde el maestro Itzcóatl Maldonado Reséndiz, secretario académico del Programa Universitario de Bioética de la UNAM.
Estos seres son nativos de Sudamérica. Viven en Venezuela, Colombia y Brasil donde también son conocidos como carpincho, chigüire o ronsoco.
Otra peculiaridad que los ha vuelto populares es su afición por el agua, agrega el también académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.
“Al tratarse de animales semiacuáticos cuentan con patas con membranas, gracias a las cuales no solo pueden nadar, sino bucear. Además, su cuerpo redondo está cubierto de una piel gruesa con una gran cantidad de grasa que funciona como un aislante térmico que le ayuda a soportar las temperaturas bajas que podrían encontrarse en el medio acuático. Su característico pelo es muy grueso, denso y resistente al agua, lo que también le permite mantener su temperatura corporal.”
En varias regiones de donde el capibara es nativo, forma parte de la gastronomía local. Su carne es usada para asados, estofados, escabeche, milanesas y platillos como el pisillo de chigüiro, que básicamente consiste en sazonar su carne con cebolla, ajo y tomates.
Además de que es una opción muy popular en la época de Cuaresma. Según fuentes históricas, los sacerdotes de la época de la Colonia no lo veían como un roedor, sino como un pez, por lo tanto, no interfería con la tradición de evitar la ingesta de carnes rojas durante Semana Santa.
Un aspecto a destacar de su comportamiento es la coprofagia. Suelen comer sus propias heces por las mañanas. Este hábito extraño para los humanos, es vital para ellos porque les permite tener una segunda absorción de los nutrientes, ya que sus excrementos están fermentados gracias a las bacterias que hay en su intestino grueso y por lo tanto, son ricos en nutrientes y celulosa.
Un roedor en la familia
Seguramente has visto videos donde los capibaras parecen convivir con animales como pelícanos, cocodrilos, monos o tortugas. “Aunque parecieran ser animales muy tranquilos y apacibles, en realidad pueden ser muy peligrosos; dentro de las estructuras jerárquicas en sus comunidades se consideran animales que pueden ser agresivos y bajo ciertas condiciones pueden lastimar a otros animales”, comenta Maldonado Reséndiz.
¿Eso significa que no son candidatos para ser animales de compañía? Si bien, algunas personas, principalmente en Asia, los tratan como si fueran perros o gatos, los llevan de paseo por la calle e incluso, viven en habitaciones acondicionadas para ellos, los capibaras no son animales de compañía y en palabras del experto “no debería de fomentarse o de buscarse bajo ninguna circunstancia que estuviese asociada a grupos humanos, pues se trata de una especie salvaje”.
Desgraciadamente, el boom que ha traído la fama ha hecho que los capibaras se conviertan en sujeto de deseo para muchas personas e incluso, que algunas con el suficiente poder adquisitivo los adquieran para tenerlos en su hogar. Esto ha contribuido al tráfico ilegal de la especie, que ha provocado la captura de animales de vida libre para poder solventar la demanda.
No sería la primera vez que algunas especies resulten amenazadas después de que el cine, la televisión o las redes sociales los conviertan en moda. Anteriormente, poblaciones del pez payaso —protagonista de la película Buscando a Nemo—, algunas aves como loros, cacatúas y guacamayas, han sido afectadas después de que llamaran la atención de las personas y se creara una demanda en el mercado, provocando daños en los hábitats, el mal cuidado de esas especies o incluso, la muerte de ejemplares.
Sin embargo, no todo es malo como parece. Cuando una especie, como los capibaras empiezan a ganar popularidad, muchas personas se vuelven conscientes, primero de su existencia, luego de sus características y necesidades; lo que en el mejor de los casos podría contribuir a la sensibilización sobre los estatus de peligro de conservación y la eventual toma de acciones para protegerlos.
Capibaras ¿cerca o mejor de lejos?
Algunos sitios alojan uno o varios ejemplares de capibara, con el fin de ofrecer a sus visitantes la experiencia del contacto con ellos. Esta dinámica, aunque parece de lo más inocente, no es recomendable para estos animalitos, afirma el maestro Maldonado.
“Lo que deben buscar los parques zoológicos es promover la educación hacia sus visitantes y crear una conciencia del impacto ecológico que estamos teniendo los humanos al invadir los hábitats naturales de estos animales. Pero si es a través de una convivencia, se instrumentaliza al individuo, se convierte en un objeto. La mejor manera de cuidarlos es no invadir su espacio y permitir que se desarrollen sin la intervención del humano”.
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