Brasil, principalmente en sistemas de monocultivo— con la curimba (Prochilodus lineatus), abundante en los ríos de América del Sur, podría ser una opción más sostenible y rentable para la producción de proteína acuática en la Amazonía.

Así lo concluye un estudio de investigadores de Brasil y Francia, a publicarse en la edición impresa de enero de la revista Aquaculture, que evaluó los impactos económicos y ambientales de la acuicultura multitrófica integrada —enfoque que combina el cultivo de especies de distintos niveles tróficos en un mismo sistema— en la producción de tambaqui.

En el experimento se introdujeron peces jóvenes de tambaqui y curimba de forma simultánea, en una proporción cercana a la mitad de cada especie, en estanques de 600 metros cuadrados (m2), con una densidad similar a la utilizada por el sector productivo.

También se emplearon insumos comparables y en las mismas cantidades a los usados en pisciculturas comerciales, como soja y maíz para la alimentación.

Los resultados indican que, con una cantidad equivalente de alimento, ambas especies se desarrollan adecuadamente, sin que una afecte negativamente a la otra.

“Más que eso, mantuvimos la productividad del tambaqui y aumentamos en un 25 por ciento la de la curimba, sin incrementar la cantidad de alimento ni el tamaño de los estanques”, explica a SciDev.Net la ingeniera en pesquería Adriana Ferreira Lima, autora principal del estudio e integrante de la unidad de Pesca y Acuicultura de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).

“Es decir, el productor no tendría que aumentar nada para lograr mayor productividad y obtener mayores ganancias económicas”, añade.

El sistema integrado también redujo el impacto ambiental. Según Lima, la curimba —también conocida como sábalo jetón o barrero— es un pez de fondo que consume restos de alimento y nutrientes presentes en el sedimento del estanque que no son aprovechados por el tambaqui.

“Al retirar estos compuestos del sistema, se evita su liberación a la atmósfera como gases de efecto invernadero, o su descarga en los efluentes como nitrógeno y fósforo, principales responsables de la eutrofización de las aguas dulces”, señala.

El fenómeno puede llevar a la proliferación de algas y plantas acuáticas que, al morir y descomponerse, consumen el oxígeno del agua, generan zonas sin oxígeno y provocan la muerte de peces y otros organismos acuáticos, afectando la biodiversidad local.

“La cría integrada ofrece un enfoque más ecológico al reunir organismos de distintos niveles de la cadena alimentaria para reducir residuos”.

Eduardo Bessa, Instituto de Ciencias Biológicas, Universidad de Brasilia (UnB)

En el monocultivo de tambaqui —también llamado gamitana o cachama negra— se liberan 4,27 kilos de dióxido de carbono (CO₂) por cada kilo de pescado producido. “En el sistema integrado con curimba, esa cifra baja a 3,9 kilos de CO₂ por kilo”, indica la investigadora.

Frente al monocultivo, la integración también reduce en 17 por ciento el uso de suelo, en casi 39 por ciento la dependencia del agua y en poco más de 13 por ciento la demanda energética.

“Esto muestra que el método recupera nutrientes en forma de biomasa animal de alto valor comercial y reduce los impactos ambientales”, subraya Lima.

Según el biólogo Eduardo Bessa, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad de Brasilia (UnB), existe una preocupación extendida entre productores de que prácticas más éticas o sostenibles impliquen pérdidas productivas.

“Sin embargo, el nuevo estudio no solo muestra que el rendimiento de tambaqui no cae, sino que aumenta la producción de curimba, empleando las mismas cantidades de alimento y reduciendo los impactos ambientales”, dice a SciDev.Net.

La acuicultura es hoy la principal fuente de proteína acuática para atender la creciente demanda mundial. Mientras en países como China e India el cultivo integrado es común, en Brasil aún hay pocas iniciativas, en gran parte por la falta de datos.

Para Bessa, que no participó en el estudio, la investigación aporta evidencia científica relevante y aclara dudas frecuentes entre productores: si la curimba afecta el crecimiento del tambaqui, si es necesario aumentar el alimento al criar dos especies y cuál es la proporción adecuada a introducir en los estanques.

“La cría integrada ofrece un enfoque más ecológico al reunir organismos de distintos niveles de la cadena alimentaria para reducir residuos”, concluye Bessa.

“Dimos el primer paso en un camino que comenzaba a abrirse para estudiar la posibilidad de incluir otras especies en los sistemas”, añade Lima.

Una posibilidad en su horizonte de investigación es el camarón, producto de alto valor comercial en la región. “También estamos estudiando maneras de aumentar la complejidad del sistema, incluyendo no solo dos especies, sino tres, incluso cuatro”, concluye la investigadora.

Los expertos ya están en contacto con productores locales para iniciar el proceso de transferencia de tecnología, que se espera comience en 2026.

Según Lima, la acuicultura multitrófica integrada es aplicable en países amazónicos más allá de Brasil, aunque en la práctica todavía está en fases de investigación o de proyectos piloto en varios casos, sin modelos ampliamente difundidos ni comercializados en la región.

“El éxito de la implementación de esta técnica en otros países depende de su adaptación a las condiciones ecológicas, a los marcos regulatorios y a las demandas del mercado locales, además de estudios que evalúen combinaciones de niveles tróficos específicos”, señala la investigadora.