La vacunación al ganado —fundamental para prevenir enfermedades en animales y humanos e incrementar la seguridad alimentaria— presenta una cobertura muy limitada en todo el mundo, observó un estudio internacional que contiene alertas específicas para América Latina.

El reporte señala que invertir en vacunación animal en la región (en especial en Argentina y Brasil) no solo reduciría las enfermedades animales y sus pérdidas productivas, sino también el uso de antimicrobianos, clave en la lucha contra la resistencia antibiótica.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó la cobertura de vacunas contra 104 enfermedades del ganado bovino, avícola y porcino en 203 países desde 2005 a 2025.

“Muchas de estas enfermedades no solo afectan la productividad, la economía y el abastecimiento de alimentos, sino que también tienen implicancias directas para la salud pública”.

Alejo Menchaca, director de la Plataforma de Investigación en Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay

Los autores detectaron una cobertura limitada para la gran mayoría de ellas. Al evaluar las 11 más presentes en los programas de vacunación internacional, también observaron que la protección real del ganado es insuficiente.

En bovinos, por ejemplo, solo el 16,6 por ciento de los animales en riesgo estaban vacunados contra la fiebre aftosa, y menos del 8 por ciento frente a brucelosis y rabia.

La enfermedad con mayor cantidad de casos estimados entre el ganado bovino fue la dermatosis nodular contagiosa, que puede reducir la producción de leche y afectar la fertilidad del animal. Con 3,5 millones de casos detectados en 2025, registró una cobertura en la vacunación del 33 por ciento, con India al tope de los países afectados.

La situación es aún más crítica en cerdos, con menos de 7 por ciento de vacunación para la peste porcina clásica —altamente letal para ese ganado— y el ántrax, y 8 por ciento contra la rabia.

En aves de corral, la vacunación no supera 18 por ciento, incluso en la patología más frecuente, la Enfermedad de Newcastle, que puede causarles muerte súbita, letargo y dificultad respiratoria, con 166 millones de casos.

“Se trata de un estudio altamente relevante porque pone en evidencia, con datos globales y comparables, la baja cobertura de vacunación en la ganadería frente a enfermedades de gran impacto”, afirma a SciDev.Net Alejo Menchaca, director de la Plataforma de Investigación en Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay.

“Muchas de estas enfermedades no solo afectan la productividad, la economía y el abastecimiento de alimentos, sino que también tienen implicancias directas para la salud pública”, explica el médico veterinario, que no participó del estudio.

“América Latina concentra algo más del 25 por ciento de la población mundial de bovinos”, y si se suma África e India se alcanza “cerca del 70 por ciento de la población bovina mundial. Justamente en estas regiones es donde las coberturas de vacunación son más bajas y entonces la situación es aún más crítica”, agrega Menchaca.

Argentina y Brasil

Los expertos hallaron “déficits y variaciones significativas en la vacunación animal en todo el mundo”, pero recomendaron intensificar esfuerzos en Argentina y Brasil, que estuvieron de forma persistente entre los diez países con mayor cantidad de animales enfermos o brechas de vacunación más amplias para distintas enfermedades.

Para Argentina, el estudio destaca la necesidad de reforzar campañas para el ganado bovino. En 2025, ese país registró las cifras más altas de brucelosis (52.000 contagios), causa de enfermedad debilitante en humanos. La cobertura de vacunación es del 17 por ciento.

También advirtieron sobre las afecciones de las aves en Brasil, donde se contaron los mayores índices de laringotraqueítis infecciosa (ILT), altamente contagiosa. Mientras que ese país registró 7,2 millones de casos en 2025, con apenas 0,2 por ciento de vacunación, en Argentina (645.000 casos), la tasa fue del 6 por ciento.

Para explicar la baja cobertura contra la ILT, responsable de buena parte de la carga de enfermedad aviar global, Alec Gleason, uno de los autores del artículo, plantea que “se reportan menos casos que de otras enfermedades clásicas, lo que podría hacer que los programas prioricen otras vacunas”.

Con base en cifras de 2025, los autores también llamaron la atención sobre animales sin vacunar contra la peste porcina clásica en Brasil (44 millones) y Colombia (10 millones); el ántrax en Argentina (53 millones); y la rabia en Brasil (233 millones) y Colombia (11 millones).

Causas y perspectivas

A pesar de la disponibilidad de vacunas, el trabajo advierte sobre un estancamiento en la inmunización global.

Sobre Latinoamérica señalan que es una de las dos regiones (junto al Mediterráneo Oriental) donde se origina mayor crecimiento de enfermedad aviar. Ello sucede cuando aumenta la densidad de los animales y la escala productiva de los emprendimientos, lo que puede incrementar oportunidades de transmisión. “Hay más contactos, más producción y más conectividad entre granjas”, explica Gleason a SciDev. Net.

Pero las enfermedades pueden persistir aun cuando se reportan campañas de vacunación. Daniel Vilte, investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina, recordó los casos en que, ante un brote repentino, gobiernos o particulares importaron rápidamente una vacuna extranjera.

“Si no corresponde a la cepa exacta que actúa en ese lugar, la respuesta para controlarlo puede ser insuficiente”, advierte el experto, que tampoco participó en el estudio y desarrolló una vacuna contra el síndrome urémico hemolítico en su país ().

“También pueden surgir problemas con la cadena de frío, lo que hace que la vacuna llegue con una baja respuesta inmune”, agrega. “Atenúa la enfermedad, pero no detiene el desarrollo de la infección”.

Con vistas a mejorar la eficacia, Gleason propone comparar las coberturas por países, y mejorar el monitoreo y clasificación de cepas de las enfermedades más prevalentes. “Seleccionar las que tienen mayor respuesta (y resolver las incompatibilidades) podría incrementar la protección de manera sustancial”, pronostica.

Resistencia antibiótica

El estudio también aborda las ventajas de la vacunación en la reducción del uso de antibióticos en el ganado, que a su vez disminuye la propagación de bacterias resistente.

Sin embargo, se proyecta que el uso de antimicrobianos en el ganado se incrementará un 30 por ciento en 2040 respecto a niveles de 2019, y que América del Sur será una de las regiones con el mayor crecimiento de uso de esos fármacos en animales.

“En el siglo pasado descubrimos los antibióticos; y en este siglo debemos aprender a gestionar el problema de la resistencia antimicrobiana. La vacunación es la herramienta más eficaz para reducir el uso de antimicrobianos, porque previene la enfermedad antes de que sea necesario tratarla” con antibióticos, reflexiona Menchaca.

Consultado sobre por qué el sector agropecuario parece ser reacio a invertir en vacunas, pero no tanto a gastar en antibióticos, el experto uruguayo opina que a veces se debe a “desconocimiento”, y destaca la necesidad de capacitar a quienes toman decisiones para que tengan presente la importancia de adoptar vacunas.

Pero otras veces señala que exista una lógica práctica: “Las vacunas por sí solas no siempre alcanzan para resolver el problema y deben complementarse con otras medidas sanitarias, lo que puede restar atractivo a su implementación”.

“Además —prosigue— en las regiones donde menos se vacuna suele haber menor inversión en investigación y desarrollo (I+D), menor conocimiento de la epidemiología local y de las variantes circulantes, menor desarrollo de vacunas locales de buena calidad y menor conocimiento sobre la eficacia de vacunas desarrolladas en otros contextos”.

“Fortalecer la inversión pública en I+D, mejorar las campañas sanitarias locales y articularlas con el sector privado es clave para revertir esta situación y avanzar hacia un beneficio común: animales más sanos, sistemas productivos más sostenibles, alimentos más saludables, y personas con una mejor salud”, concluye el experto uruguayo.

 

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net