Kenia.
El bosque de Njukiri en Kenia tenía el mismo problema que muchos otros espacios naturales de África.
Las comunidades de los alrededores no obtenían beneficios directos de esta selva. Sin embargo, en 2014 comenzó el cambio cuando una cooperativa local, con la colaboración del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas, actuó para impedir el deterioro de la arboleda.
Alrededor de mil campesinos se dividen ahora una parte de los terrenos fértiles de esta zona protegida para cultivar y usan un porcentaje de sus beneficios para plantar árboles autóctonos en los alrededores.
Con la iniciativa, la biodiversidad ha vuelto a todas las esquinas de este bosque que hasta hace poco parecía tener una fecha de caducidad con cada vez menos árboles. Y es que, según datos de la ONG Global Forest Watch, el ritmo con el que Kenia está perdiendo sus bosques es alarmante.
En dos décadas, desde 2002 hasta 2022 la cobertura boscosa del país se redujo un 11%. La comunidad de Njukiri es el vivo ejemplo de que si bien África es víctima de la deforestación, también es un laboratorio de sus posibles soluciones si sus comunidades cooperan para deshacer los daños.
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