Brasil
En las comunidades indígenas más alejadas de la Amazonía peruana, el acceso al tratamiento contra el VIH enfrenta obstáculos relacionados con el aislamiento geográfico, la discriminación y las condiciones de atención sanitaria.
Ulises realiza una labor voluntaria para ayudar a pacientes con VIH a recibir sus medicamentos y evitar que abandonen el tratamiento. Su trabajo se desarrolla en la provincia de Condorcanqui, donde el pueblo awajún concentra una de las mayores tasas de VIH del país. En la zona se registran cerca de 2 mil casos y la prevalencia alcanza el 1.8 por ciento, seis veces por encima del promedio nacional señalado en el material.
Una de las pacientes que acompaña es una madre adolescente que acudió al centro de salud de Tayuntza para que su bebé fuera evaluado y determinar si también tiene VIH. Para llegar al establecimiento tuvieron que recorrer el río durante una hora.
“Siempre vienen a buscarme para que lleve acá al centro de salud, pero otras veces también me voy allá en una comunidad más lejos de mi casa y a veces no estoy. Ella no puede venir por acá sola porque no tiene plata”, relató la madre.
En Tayuntza, dos de cada 10 gestantes son VIH positivas y 70 bebés están expuestos al virus por haber nacido de madres contagiadas. Como medida para evitar una posible transmisión, estos bebés no reciben lactancia materna y el Estado proporciona leche en polvo.
En esta localidad, la obstetra Julissa Manchay atiende a ocho comunidades. Cuatro de ellas solo son accesibles por río, con recorridos que pueden durar hasta tres horas.
El personal sanitario busca que los pacientes mantengan el tratamiento antirretroviral, pero las condiciones de la región dificultan la continuidad de la atención. En Condorcanqui, el 29 por ciento de los pacientes, hombres y mujeres, abandonó el tratamiento.
Entre las dificultades también se encuentra el estigma asociado al VIH. De acuerdo con un reporte oficial citado en el material, el 84 por ciento de los pacientes se ha sentido discriminado.
Las creencias de algunas comunidades también influyen en la atención. Algunos habitantes relacionan el VIH con la brujería y recurren a plantas medicinales como alternativa para tratar la enfermedad.
La prevención enfrenta otros obstáculos, como el uso limitado de preservativos y la movilidad constante entre comunidades y ciudades, factores que pueden favorecer la circulación del virus.
Ante este panorama, el personal de salud y los agentes comunitarios buscan ampliar la atención en una región donde las distancias representan uno de los principales desafíos. La falta de especialistas, las limitaciones de infraestructura y el acceso exclusivamente por vía fluvial complican el seguimiento de los pacientes.
“No solamente tomando una prueba se acaba de decir que es el VIH. No podemos asumir que contando números estamos viendo algo positivo, sino que lo que queremos es tanto diagnosticar y tratar al paciente y que tenga esa permanencia y continuidad de la atención”, señaló personal de salud.
Los trabajadores sanitarios y agentes comunitarios mantienen así la atención en las comunidades amazónicas, donde el diagnóstico, el tratamiento y la continuidad de los cuidados dependen también de superar las barreras geográficas y sociales que enfrenta la población.
(DW)
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