Perú.

 

 

Más allá de las rutas convencionales, donde el camino se vuelve sendero y el aire se torna puro, guarda un secreto de piedra. Raqaypata no solo es un destino, es un encuentro con la historia suspendida en la inmensidad de los Andes. A más de 3600 metros sobre el nivel del mar, en la zona arqueológica de Raqaypata, ubicada en las comunidades de Soqma, se esconde una maravilla.

Es un desafío para los pulmones, pero un bálsamo para el espíritu. Cada paso revela la majestuosidad de la catarata deL Perolniyoq y nos prepara para la recompensa final: un complejo arquitectónico que parece vigilar el mundo desde lo alto. Pero, ¿quiénes habitaron estos muros? La respuesta yace en la sabiduría de un pueblo que entendía la tierra como un mapa estratégico de vida y protección.

“Bueno, Raqaypata viene de la época inca, un sitio arqueológico de la época inca, que posiblemente pudo ser un pequeño asentamiento para los quechua, la población en sí, en la época inca. Un lugar de descanso, un refugio también para los visitantes y al mismo tiempo pudo ser un control estratégico para las personas que viajaban constantemente hacia Machu Picchu. Estas personas que venían de la ciudad del Cusco y ellos pasaban por aquí, se quedaban por unos días y así sucesivamente pasaban por otros pequeños asentamientos, porque en realidad esto conforma parte del Camino Inca”, explica una de los guías turísticos.

La altura también tiene una explicación: por su constante intercambio bélico con otras comunidades, los quechuas valoraron el potencial de este lugar para defenderse tanto de sus enemigos como de los eventos de la naturaleza.

“Casi siempre los asentamientos han estado en la parte alta con fines de seguridad. En la época inca no solamente estaban los quechuas, sino había otras agrupaciones también, otros grupos humanos. Entonces ellos constantemente estaban refugiados y también tenían mejor visibilidad en la parte alta y también más seguros de los desastres naturales o de los fenómenos que se presentaban en esos tiempos”, continúa el especialista.

Raqaypata nos recuerda que la grandeza inca no conocía límites geográficos. Al dejar atrás sus piedras, nos llevamos el silencio de la montaña y la certeza de que, a 3600 metros de altura, el pasado sigue más vivo que nunca.

 

(VIDAWASI).