Un equipo científico del Centro de Regulación Genómica ha creado unas moléculas que permiten obtener imágenes del ADN de dentro de células vivas y conservadas con una precisión de 3 nanómetros. Aplicadas a muestras de pacientes con cáncer, estas sondas revelaron que el código genético de los tumores está más suelto y disperso que en el tejido sano.

Un grupo investigador del Centro de Regulación Genómica (CRG) ha desarrollado unas moléculas fluorescentes que permiten obtener imágenes de cómo se empaqueta el ADN dentro de células vivas y conservadas con una resolución sin precedentes.

El equipo probó las sondas en cortes de tejido intestinal procedentes de tres pacientes con cáncer, y vieron que en los tumores el ADN estaba más suelto y disperso que en el tejido sano situado justo al lado.

Anteriormente, ya se había observado que el ADN se desempaquetaba de forma progresiva a medida que el cáncer avanzaba. El equipo planteó que el grado de compactación de una célula podría llegar a servir como medida de cuánto ha progresado un tumor o de su agresividad.

Según explica a SINC la autora del trabajo e investigadora de la institución catalana, Pia Cosma, este trabajo fue consistente con estudios previos que mostraban que la organización de la cromatina –un grupo de proteínas que empaquetan el material genético– de mayor orden se descompactaba y fragmentaba de forma progresiva con el desarrollo del tumor.

“No obstante, no establecimos un único mecanismo que explicara por qué sucede esto”, señala la experta. “La forma en la que se pliega el ADN está estrechamente vinculada a la actividad génica: la cromatina empaquetada tiende a ser menos accesible, mientras que una cromatina más abierta puede hacer que sea más accesible para la maquinaria celular que regula la expresión génica”, dice.

Por lo tanto, los cambios en la organización de esta parte de las células, aclara, constituyen una parte importante de las transformaciones que ocurren durante el desarrollo del cáncer.

Una técnica avanzada

Actualmente, el personal médico examina este tipo de biopsias a simple vista, mediante un método de tinción –una técnica de laboratorio– con más de un siglo de antigüedad.

El avance, descrito hoy en la revista Molecular Cell, abre la posibilidad de que algún día también pueda observarse cómo ocupa el ADN el espacio tridimensional dentro de las células, como una pista adicional para diagnosticar y tratar el cáncer.

“Con la misma molécula podemos hacer dos cosas muy distintas. En una célula viva podemos observar el ADN en movimiento, lo que nos indica cómo se comporta la cromatina, el estado natural del ADN en las células. En una célula conservada podemos ampliar la imagen hasta situarnos casi a la escala de la propia molécula de ADN. Combinar ambos enfoques nos ayuda a ver, con una resolución sin precedentes, una de las principales capas de control de la biología humana”, informa Cosma.

Sondas fluorescentes

Cada célula del cuerpo humano contiene dos metros de ADN comprimidos en un espacio minúsculo. El grado de compactación con que se pliega determina qué genes se activan y cuáles permanecen apagados.

Casi todas las imágenes del plegamiento del ADN proceden de células que ya están muertas. Las potentes técnicas de microscopía necesarias para rastrear componentes individuales del ADN en las células suelen requerir tratar las muestras con productos químicos agresivos y luces láser intensas que las células vivas no pueden soportar.