Argentina.
Los medicamentos para el tratamiento de la obesidad han demostrado ser una herramienta eficaz para favorecer la pérdida de peso y mejorar la salud metabólica. Sin embargo, especialistas advierten que su uso debe estar acompañado de cambios en el estilo de vida y siempre bajo supervisión médica.
La endocrinóloga y docente de la Facultad de Ciencias Médicas, Fabiana Masjoan, explicó que fármacos como el semaglutide y el tirzepatide han mostrado resultados positivos, especialmente cuando se complementan con una alimentación saludable y actividad física.
“Hoy ya tenemos una vasta experiencia con estos medicamentos, sobre todo con los inyectables de aplicación semanal, como el semaglutide y el tirzepatide. Tienen una gran eficacia en la reducción de peso, pero además aportan beneficios metabólicos y protección cardiovascular. Deben utilizarse siempre bajo supervisión médica, porque tienen efectos colaterales que requieren seguimiento”, señaló.
La especialista destacó que antes de iniciar cualquier tratamiento es indispensable realizar una valoración médica para determinar si el paciente es candidato y establecer un plan integral de atención.
“Lo recomendable es hacer una consulta con un especialista en endocrinología o con un médico dedicado al metabolismo. La obesidad es una enfermedad crónica y el tratamiento también lo es. No existe nada mágico; tanto la medicación como los cambios en el estilo de vida deben mantenerse en el tiempo”, afirmó.
Masjoan añadió que el manejo adecuado de la obesidad requiere un equipo multidisciplinario integrado por profesionales en nutrición, salud mental y actividad física, además del seguimiento médico continuo.
Asimismo, alertó sobre los riesgos de adquirir estos medicamentos sin receta o a través de redes sociales, ya que su uso sin control puede provocar efectos adversos y favorecer el llamado efecto rebote al suspender el tratamiento.
“No pueden empezarse por cuenta propia. Estos medicamentos requieren una evaluación médica inicial y un seguimiento permanente. La obesidad no se cura; es una enfermedad crónica y recurrente que necesita control continuo, incluso cuando el paciente logra reducir peso y mejorar otros indicadores de salud”, concluyó.
(LITUSTV)




