Singapur.
Nizam, un empleado de restaurante en Singapur, recorre distintas cocinas para recoger aceite de cocina usado y reemplazarlo por barriles limpios. Tras comprobar que el aceite no contiene demasiadas impurezas, lo transporta hasta una planta donde será transformado en biodiésel, un combustible renovable cuya demanda ha aumentado por la crisis en Oriente Medio y el encarecimiento del petróleo.
“Alcanza para dos semanas”, comenta uno de los cocineros mientras Nizam revisa el aceite antes de trasladarlo a su camión. Allí, con ayuda de una bomba, lo almacena en un bidón para iniciar el proceso de reciclaje.
El biodiésel se produce a partir de aceites vegetales, grasas animales o aceites reciclados, convirtiéndose en una alternativa a los combustibles fósiles. De acuerdo con especialistas, el conflicto en Oriente Medio ha acelerado el desarrollo de este biocombustible.
“La guerra en Oriente Medio ha acelerado el desarrollo del biocombustible como tres o cuatro años. Yo esperaría que durante el próximo año muchos consumidores estén muy agresivamente intentando competir por asegurar su suministro”, explicó un experto.
Aunque tradicionalmente el biodiésel ha sido más costoso que el petróleo, esa diferencia de precio se ha reducido en los últimos meses, fortaleciendo su competitividad. Además, ofrece dos ventajas principales: menores emisiones de gases contaminantes y una mayor seguridad energética, un aspecto que ha cobrado relevancia ante la incertidumbre geopolítica.
En la planta de producción, el aceite usado pasa por un proceso de filtrado antes de ser tratado con productos químicos para convertirse en biodiésel. Gran parte de este combustible renovable se exporta a Europa, donde la demanda está impulsada por políticas públicas para reducir las emisiones contaminantes.
Sin embargo, el cierre del Estrecho de Ormuz ha incrementado la presión sobre los países productores de Asia. En naciones como Malasia e Indonesia, los gobiernos promueven el uso de biocombustibles mediante subsidios públicos para reducir su dependencia energética, aunque algunos analistas advierten que estos apoyos podrían verse afectados por el aumento de los costos.
“Sin duda existe ese riesgo. Creo que los gobiernos intentarán, en la medida de lo posible, mantener estas cuotas, ya que el aspecto de la seguridad energética es realmente importante. Sin embargo, los planes de apoyo actuales dependen de esta diferencia de precio entre el biodiésel y el combustible convencional, y si esa diferencia vuelve a aumentar, es probable que algunos gobiernos enfrenten dificultades para financiar todas estas ayudas, lo que podría obligarlos a revisar sus políticas”, señaló otro especialista.
Por ahora, el aumento de los precios del petróleo y la incertidumbre internacional continúan impulsando la demanda del biodiésel, aunque su crecimiento futuro dependerá tanto de la evolución de los mercados como de las políticas energéticas de cada país.
(DW).
- Tensiones en Medio Oriente provocan un posible auge para el biodiésel - julio 14, 2026
- China logra la primera recuperación de la etapa de un cohete - julio 10, 2026
- Blanquear nubes podría frenar a El Niño, sugiere estudio - julio 9, 2026




