Colombia.

En medio del desierto de Ciudad Bolívar se encuentra un oasis compuesto por 14 lotes, donde el verde del Jardín Botánico Real abre una esperanza para los habitantes de Lucero Medio.

Para Edgar Parra, fundador del proyecto, un jardín botánico puede construirse en cualquier espacio donde exista interés por las plantas y la naturaleza.

“Un jardín botánico es algo muy abierto. No, como muchos nos lo quieren hacer creer, que tienen que ser tantas hectáreas, tantos científicos. No. Ustedes, los niños que nos ven o los jóvenes que nos ven, pueden hacer un jardín botánico en el apartamento, en el cuartico donde duermen, un pedacito pequeñito con plantas miniaturas, con una sola planta”, afirmó.

El lugar alberga 2.600 metros cuadrados de vida y más de 600 especies de plantas. El recorrido incluye la presencia de orugas, loros, peces y mariposas, elementos que contrastan con la imagen que muchos podrían tener del sector.

Edith Vargas, bibliotecóloga del jardín, explicó que las plantas mantienen formas de comunicación a través de frecuencias, vibraciones y sus raíces.

“La comunicación entre plantas se da por las frecuencias y las vibraciones que encuentran en el ambiente. Se pueden comunicar por sus mismas raíces en el subsuelo, inclusive en la parte aérea también cuando llegan los polinizadores, que por lo general son aves o insectos voladores. Ellos emiten unas vibraciones cuando vuelan”, señaló.

Por su parte, el guía Leonardo Sánchez destacó que los polinizadores utilizan estas vibraciones para ubicar las plantas florales y alimentarse.

“Las vibraciones ubican plantas florales para su alimentación, principalmente con las abejas, escarabajos, mariposas y colibríes. También ellos se comunican por esporas cuando se quieren expandir. Se expanden como si fueran hongos. Y se dice que los métodos más comunes son hablar con las plantas, que la persona habla con las plantas y que generan como una energía positiva para ellas”, explicó.

Uno de los principales atractivos del jardín es su nacimiento de agua natural, ubicado a unos 50 metros del recorrido principal y que alimenta un manantial.

“El nacimiento de agua en realidad es una esponja gigantesca que hay aquí. Viene desde el Sumapaz, que son 70 kilómetros al sur, viene subterráneamente, pero no viene recto, sino que se riega toda esa agua al Sumapaz en esta zona, lo que quiere decir que hay una esponja, hay mucha agua, casi que si yo perforo aquí donde estamos parados, va a aparecer agua”, explicó Parra.

La experiencia también incorpora jardines verticales y espacios que buscan acercar a los visitantes a las plantas de manera directa.

“El proyecto de los jardines verticales ahorita está muy de moda porque reduce el espacio para tener jardines en la casa, entonces se puede tener en cualquier espacio que sea vertical, como las paredes, y pues le da un toque mucho más lindo a los espacios”, comentó Vargas.

La especialista agregó que el cuidado de las plantas busca mantener un equilibrio entre la estética y la conservación.

“La estética juega, depende de lo que queramos tener en el jardín. Tratamos de no involucrarnos tanto en dañar las plantas o cortarlas, digamos, a cómodas, solo para complacernos estéticamente, pero sí se busca que se vea pulcro”, indicó.

Este espacio se ha convertido en un pulmón de resistencia donde distintas especies encuentran refugio y donde las nuevas generaciones fortalecen su relación con el cuidado ambiental.

Por: Directo Bogotá.